Tarrés: La agonía de Granollers se escribe con cables sueltos y calles sin nombre

Caminar hoy por Granollers no es el ejercicio de orgullo ciudadano que solía ser, sino más bien un tropiezo constante con la desidia de un gobierno municipal que parece haber olvidado que la dignidad de una ciudad se mide en sus detalles más básicos. No hablamos de grandes proyectos faraónicos ni de campañas de marketing institucional vacías de contenido, sino de algo tan elemental como saber por dónde se está paseando y no sentir que el cielo se nos cae encima en forma de maraña de cobre.

La capital del Vallès Oriental, antaño referente de modernidad y pulso comercial, languidece hoy en un abandono que se manifiesta de forma flagrante en la nomenclatura de sus vías y en la obsolescencia de sus infraestructuras eléctricas. Es una vergüenza silenciosa que se extiende por los barrios. Una erosión de la imagen pública que el Ayuntamiento prefiere ignorar mientras la ciudad pierde el brillo que la hacía ser la capital de la Comarca.

“Esas calles sin nombre son calles sin alma”

Resulta incomprensible que, en pleno siglo XXI, existan tramos de nuestra ciudad que aún no han sido bautizados oficialmente o que carecen de la señalización mínima para que el ciudadano, el transportista o el servicio de emergencias sepa por dónde transita. Pero el problema no termina en la ausencia de placas, sino en el estado deplorable de las que aún resisten. Pasear por determinadas zonas de Granollers es enfrentarse a un catálogo de arqueología del descuido. Placas oxidadas que se han caído y nunca han sido repuestas, soportes vacíos que son el monumento al “ja ho farem”, y lo más triste, rótulos tan antiguos que el tiempo, el sol y la lluvia han borrado por completo el nombre que una vez ostentaron. Esas calles sin nombre son calles sin alma, espacios anónimos que reflejan el poco respeto que la administración local tiene por la identidad de su propio trazado urbano. No es solo una cuestión de estética, es una cuestión de dignidad. Una ciudad que no cuida sus nombres no se reconoce a sí misma.

La solución no debería pasar por parches de última hora o por reponer la misma placa de diseño anodino y material mediocre. Granollers necesita un plan de choque, un nuevo diseño integral que unifique la señalización de toda la ciudad, aportando una estética moderna, clara y duradera. Cambiarlas todas, sin excepciones, sería un acto de higiene democrática y de respeto al espacio público. Necesitamos placas que aguanten el paso del tiempo y que proyecten una imagen de ciudad cuidada, de capital que se toma en serio a sí misma. Ver una placa caída o un nombre borrado no es un hecho aislado, es el síntoma de una gestión municipal que ha desconectado de la realidad, más preocupada por la foto oficial que por el mantenimiento del mobiliario urbano que vertebra el día a día de los vecinos.

“….Falta la voluntad política de presupuestar el soterramiento de estos cables que cuelgan …o de obligar a las eléctricas a hacerlo”

Si levantamos un poco más la mirada el panorama es aún más desolador y peligroso. Es absolutamente vergonzoso que, en la capital del Vallès Oriental, todavía existan decenas de calles donde los palos eléctricos de madera o cemento siguen siendo los protagonistas del paisaje. Cables que cuelgan como lianas en una selva de negligencia, cruzando fachadas, tensados hasta el límite o balanceándose peligrosamente sobre las cabezas de los transeúntes. Lo que resulta más indignante no es solo la presencia de esta infraestructura anticuada, sino la oportunidad perdida de forma sistemática por el gobierno municipal. Se han hecho obras en las aceras, se han levantado pavimentos, se han remodelado calles enteras, y nadie ha tenido la visión, o la voluntad política, de obligar a las eléctricas o de presupuestar el soterramiento de estos cables. Es un despropósito de gestión técnica y política. Abrir la calle y cerrarla dejando los mismos palos y los mismos cables colgando es un insulto a la inteligencia de los contribuyentes.

Esta falta de previsión y de firmeza ante las compañías suministradoras nos condena a una imagen de ciudad de tercera. Mientras otras poblaciones del entorno han aprovechado cada mínima intervención urbanística para limpiar sus cielos de cables y eliminar las barreras arquitectónicas que suponen los postes eléctricos en aceras ya de por sí estrechas, Granollers parece anclada en una inercia de conformismo. No se puede hablar de sostenibilidad, de Smart City o de modernidad cuando el tendido eléctrico de muchos barrios parece más propio de una zona abandonada que de una capital catalana. Este vuelo de cables no es solo una agresión visual que afea nuestras fachadas y monumentos, es también un recordatorio constante de que el Ayuntamiento no tiene un proyecto de ciudad a largo plazo, sino que improvisa sobre la marcha, dejando para mañana lo que es urgente hoy.

“Hoy, lo que Granollers proyecta, es una imagen de fatiga”

La suma de todos estos factores conforma una radiografía de la decadencia. Granollers está perdiendo su esencia de capitalidad por puro descuido. Una capital no solo lo es por decreto o por volumen de población, sino por su capacidad de liderar con el ejemplo, para ofrecer un entorno urbano impecable que invite a pasear y a invertir. Hoy, lo que Granollers proyecta, es una imagen de fatiga. La sensación de que al consistorio le da igual que una placa lleve diez años borrada o que un cable esté a punto de rozar el suelo. Han permitido que la ciudad se desdibuje, que pierda su nitidez. El contraste es doloroso. Mientras el discurso oficial habla de excelencia, la realidad de los barrios nos devuelve el reflejo de una ciudad que da pena.

El gobierno socialista debe despertar de su letargo y entender que la política municipal también se hace mirando a las placas y a los cables. Necesitamos un cambio radical en la gestión del mantenimiento urbano. Es hora de recuperar la dignidad de nuestras calles, de enterrar de una vez por todas esa maraña de cables que nos ata al pasado y de volver a escribir, con letras claras y diseño renovado, el nombre de una ciudad que no puede permitirse seguir perdiendo el norte. Granollers debe dejar de ser la sombra de lo que fue para volver a ser la capital que sus ciudadanos merecen, y eso empieza, literalmente, por limpiar la casa desde la base hasta el cielo.

#RecuperemGranollers

Cristina Tarrés

Portavoz GM Vox