Ea, ea, ea... la ministra García se cabrea: protagonismo sí, responsabilidades no
Hay políticos que quieren todas las medallas, pero ninguna de las responsabilidades. Y la ministra de Sanidad, Mónica García, parece haber decidido apuntarse a ese club. De ahí que el título de este articulo le vaya como anillo al dedo a la ministra de Mas Madrid, antes podemita, de Sanidad: “ea, ea, ea, García se cabrea”, como la canciocita de cuando, de chavales, queríamos tocar las narices a alguien…
Esta semana, tras el nuevo encontronazo con las comunidades autónomas por el Estatuto Marco y las reivindicaciones de los médicos, la ministra ha estallado contra los consejeros de Sanidad acusándolos de actuar como «el perro del hortelano»: ni comen ni dejan comer. Curiosa acusación viniendo precisamente de quien lleva meses protagonizando uno de los mayores conflictos sanitarios que se recuerdan con los profesionales médicos.
Porque conviene recordar que los médicos llevan tiempo denunciando que el Ministerio no escucha sus reclamaciones, que el Estatuto Marco ha generado más problemas que soluciones y que las mejoras laborales prometidas siguen sin llegar. MIR, jornadas interminables, guardias, carrera profesional, conciliación... una larga lista de cuestiones pendientes que el Gobierno ha sido incapaz de resolver.
Sin embargo, cuando las comunidades autónomas le han devuelto la pelota y le han dicho, en esencia, que sea el Ministerio quien lidere y asuma las decisiones, la ministra se ha enfadado. Mucho protagonismo para anunciar medidas, muchas ruedas de prensa para vender acuerdos, pero cuando llegan los problemas, las discrepancias y las consecuencias políticas, entonces la responsabilidad debe repartirse entre todos.
La realidad es bastante más sencilla. Si el Ministerio quiere dirigir la política sanitaria española, debe asumir también el desgaste que conlleva. No se puede querer ser capitán cuando hay victoria y pasajero cuando llegan las tormentas.
Por eso la imagen que deja esta nueva polémica resulta tan llamativa: una ministra que acusa a las comunidades de no resolver los problemas mientras son precisamente esas mismas comunidades las que gestionan hospitales, centros de salud y profesionales cada día. Quizá el problema no sea que los demás no quieran comer. Quizá el problema es que alguien quiere quedarse siempre con el mejor plato de la mesa.