El legado industrial de los Trinxet que transformó Sant Feliu de Codines en un refugio de lujo
En el corazón de los paisajes que abrazan los Cingles de Bertí, se alza una estructura que desafía el paso del tiempo y que narra, a través de sus muros de piedra, la evolución social y económica de Cataluña. El Mas Bosc de Rufets, conocido actualmente como La Baronía, representa mucho más que una residencia de lujo. Esta masía es el testimonio vivo de la transformación de una masía tradicional en una obra maestra de la arquitectura modernista de principios del siglo XX.
La historia del Mas Bosc de Rufets forma parte de la tradición rural catalana. Durante siglos la finca fue una explotación agrícola y forestal típica de la zona de Sant Feliu de Codines. El nombre Rufets evoca un pasado de familias vinculadas a aquel lugar, donde la supervivencia dependía del cultivo de secano y el aprovechamiento de la madera de los densos bosques que la rodeaban. Durante generaciones la casa mantuvo la estructura clásica de masía. Esto es, una planta rectangular, techos de teja árabe y espacios compartidos entre la vivienda humana y el ganado.
La historia de la masía dio un vuelco con la llegada de la Revolución Industrial, en el siglo XIX, y el ascenso de la burguesía textil catalana. Esta clase social buscaba en la zona del Vallés un refugio de aire puro, prestigio y descanso. De ahí que a lo largo de la Comarca encontremos muchas construcciones, especialmente en La Garriga, Cardedeu, L’Ametlla del Vallès o Granollers. En estas poblaciones veranearon los Barbeny, Barraquer, Estabanell, Fargas, Roca Umbert, Ganduxer, Daurella o Viader.
En 1920 el industrial Francesc Trinxet i Mas (1875-1941), propietario de la Fábrica Trinxet en L’Hospitalet de Llobregat, adquirió la propiedad. Era hijo de Avel·lí Trinxet i Casas, un influyente empresario y mecenas. Su familia estuvo estrechamente ligada al modernismo. Su primo fue el célebre pintor Joaquim Mir, y su padre encargó al arquitecto Puig i Cadafalch la construcción de la Casa Trinxet en el Eixample de Barcelona, hoy desaparecida. Gestionó una de las mayores potencias textiles de España, especializada en el hilado y tejido de algodón. La fábrica de Santa Eulàlia (L'Hospitalet) llegó a emplear a más de 1.100 personas, siendo un motor económico fundamental para la zona. Participó activamente en la creación de la Unió Industrial Cotonera en 1929, una agrupación de empresas diseñada para resistir las crisis económicas del sector mediante la concentración de la producción.
Comprar la finca no fue solo para tener una casa en el campo, sino erigir un monumento que reflejara su estatus y su amor por la vanguardia artística de la época. Para llevar a cabo esta visión confió el proyecto a Joan Rubió i Bellver, arquitecto municipal en Barcelona y discípulo de Antoni Gaudí. Rubió fue una de las mentes más brillantes del modernismo tardío. Entre 1920 a 1924 no solo reformó la finca, sino que la reinventó.
La intervención arquitectónica es considerada una de las cumbres de la carrera de Rubió. Alejándose del uso del ladrillo visto común en otros arquitectos de la época. Rubió optó por la piedra local, trabajada de forma rústica y monumental. El resultado fue una edificación que parece emerger orgánicamente del suelo. La fachada principal destaca por su asimetría controlada, con torres que evocan castillos medievales, pero con una sensibilidad moderna. Los interiores fueron diseñados para el máximo confort, integrando artesanía en hierro forjado, vitrales policromados y maderas nobles. Cada rincón fue concebido para que la luz y la naturaleza exterior fluyeran hacia el interior, creando una atmósfera de solemnidad y calidez a partes iguales.
El proyecto de la familia Trinxet no se detuvo en la residencia principal. En los terrenos adyacentes se fundó la Granja Fi-Vallès. Esto supuso una revolución ya que introdujo técnicas de avicultura científica y maquinaria que no se había visto en la comarca. La granja se convirtió en un modelo de eficiencia y diseño, extendiendo la estética de Rubió a los edificios auxiliares. Aunque hoy gran parte de esta zona agrícola se encuentra en desuso, su existencia recuerda el espíritu innovador de Francesc Trinxet, que veía en el campo no solo un lugar de recreo, sino un espacio para la excelencia técnica.
Con el paso de los años y los cambios generacionales la finca dejó de ser residencia privada para abrir sus puertas al público. Bajo el nombre de La Baronía, la propiedad ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia histórica. La finca actualmente es un referente en el sector de eventos de alto standing y el turismo cinematográfico. La finca ha servido de escenario para rodajes publicitarios de marcas de lujo y producciones audiovisuales que buscan la mística de un castillo encantado y la elegancia del modernismo catalán.
La Baronía ha acogido rodajes de época como las series Vida privada y Barcelona, ciudad neutral, así como fragmentos de los filmes Incerta glòria y La corona partida. En el ámbito publicitario su estética ha servido para atraer a firmas de prestigio internacional como Audi, BMW, Mercedes-Benz, Pronovias y diversas marcas de perfumes, que aprovechan sus jardines románticos y fachadas de piedra para campañas de lujo. Asimismo, la finca ha brillado en producciones musicales de gran calado, como el emblemático Concierto de Navidad de TVE protagonizado por Josep Carreras.