Venezuela: no es sólo el petróleo

Arco Minero del Orinoco

El 3 de enero de 2026, EE. UU. ejecutó la mayor operación militar en Iberoamérica desde la de Panamá (1989). Como era previsible, el debate público buscó refugio en dos explicaciones de consumo rápido, petróleo y narcotráfico.

Relatos que son eficaces para los titulares, pero argumentos muy pobres si se miran los hechos con criterio estratégico. Lo sucedido encaja en una lógica más incómoda, más compleja y, precisamente por eso, más peligrosa.

La decisión no nace del relato, sino del umbral de amenaza

Estas operaciones no se diseñan desde el marketing político, sino desde la evaluación de riesgo. El presidente firma y comunica; el aparato de guerra calcula, recomienda y estructura. Cuando se considera superado un umbral, el movimiento ya está decidido y lo que viene después es la construcción de un relato público “entendible”.

Donald Trump habló de petróleo porque el petróleo “vende”. Pero la operación no fue por petróleo.

El detonante: una convergencia operativa de adversarios en un mismo territorio

El factor determinante fue la consolidación en Venezuela de una convergencia práctica, que no ideológica, de los tres principales adversarios estratégicos de EE. UU.: China, Irán y Rusia. No como alineamiento abstracto, sino como ensamblaje de capacidades, nodos logísticos y presencia persistente.

  • China: habría afianzado su acceso a minerales críticos en el sur del río Orinoco (tantalio, cobalto, tierras raras). El punto sensible no es solo el potencial geológico, sino la posibilidad de que esos flujos, formales o informales, se conviertan en palancas de influencia y dependencia en un contexto donde la competencia por minerales estratégicos ya es explícitamente geopolítica.
  • Irán: habría profundizado una colaboración industrial-militar con continuidad en el tiempo. No se trataría solo de compra-venta de armamento, sino de instalaciones, asistencia técnica, producción y entrenamiento. Entrenamiento no sólo de personal militar como un excelente campo de pruebas para armas letales, fuera de “problemas” ecológicos y de DDHH. Además, por proximidad geográfica, esto introduce un factor cualitativo en la ecuación de seguridad estadounidense.
  • Rusia: aportaría la capa de doctrina militar e inteligencia, con asesoría, entrenamiento y soporte para defensa aérea, radares y vigilancia. No sería presencia simbólica, sino refuerzo técnico que aumenta la resiliencia del régimen y complica cualquier escenario de contención.

La clave no es cada vínculo por separado, sino una suma que se complementa: cada actor potencia la utilidad del otro.

Por qué “petróleo” no explica el momento (ni el patrón operativo)

Comparar esto con Irak 2003 es tentador, pero superficial. Allí, el petróleo equivalía a control de flujos globales y proyección geopolítica. En Venezuela, en cambio, la industria petrolera aparece degradada, con infraestructura dañada y capacidad operativa lejos de lo que sería un objetivo racional si el propósito central fuese la renta energética.

Si el móvil principal hubiera sido el petróleo, habría sido más coherente actuar en 2019: mayor impulso diplomático, mejores condiciones políticas para una coalición amplia y un aparato petrolero con más margen. No ocurrió entonces. Ocurrió cuando la amenaza adoptó otra forma: minerales críticos, cooperación militar sostenida y una plataforma de apoyo de potencias rivales en el perímetro inmediato del Comando Sur.

Recursos minerales de Venezuela

“Se rompió el umbral”: de relaciones bilaterales a arquitectura integrada

La línea roja se cruza cuando la convergencia deja de parecer suma de acuerdos y empieza a parecer arquitectura integrada: recursos estratégicos, asistencia técnica y protección de inteligencia en el mismo espacio. El riesgo no sería “Venezuela” como problema local, sino Venezuela como base funcional, o potencialmente funcional, de proyección y presión contra EE. UU. en su entorno regional más cercano.

En ese marco se entiende un dato operativo que el relato del petróleo no explica: los ataques no se concentraron en pozos o refinerías. Golpearon mando, telecomunicaciones, radares y nodos de control. Eso se parece menos a una guerra por capturar recursos y más a una operación para degradar capacidades y desarmar una amenaza.

Minerales: la disputa real (y el matiz venezolano)

En abril de 2025, China restringió exportaciones de tierras raras como represalia por los aranceles de EE. UU., mostrando disposición a usar la cadena de suministros como herramienta geopolítica. Ese precedente habría cambiado el marco mental: la seguridad nacional ya no es solo fronteras y bases; también es abastecimiento, dependencia industrial y control de productos básicos.

Aquí conviene un matiz clave: el factor mineral no debe presentarse como “minería moderna y trazable”. En Venezuela, según esta lectura, predomina la opacidad: asignaciones discrecionales, extracción precaria, economías ilegales y criminales, falta de mantenimiento y ausencia de trazabilidad. No son cadenas limpias; son mecanismos de renta y financiación política. Confundir ese pillaje con “control industrial” es mezclar potencial geológico con capacidad real.

Precisamente por eso el factor mineral puede ser más peligroso: combina recursos con opacidad, redes armadas e intereses externos. En ese marco, también se menciona la extracción de diamantes por empresas chinas en Guaniamo (municipio Cedeño, estado Bolívar) como recordatorio de que el interés territorial no sería solo teórico.

El argumento se apoya en noticias y reportajes, no en intuiciones

Este análisis se presenta apoyado en hechos geoestratégicos recogidos por fuentes internacionales, entre ellas:

  • Wall Street Journal: reportó la instalación de plantas iraníes de drones en Venezuela, nominalmente para la guerra Rusia-Ucrania, pero con capacidad ofensiva para un ataque a las zonas de influencia de EE.UU.
  • Financial Times (abril 2025): China restringió las exportaciones de tierras raras por motivos geopolíticos, elevando las alarmas en defensa.
  • The Diplomat y Reuters: confirmaron la participación directa de China en la explotación de minerales estratégicos en el Arco Minero del Orinoco (Venezuela). Los minerales estratégicos clave incluyen oro, hierro, bauxita (aluminio), cobre, coltán (niobio-tantalio), diamantes y otros minerales de tierras raras, fundamentales para la industria de alta tecnología y la transición energética, aunque su explotación pueda generar debates socioambientales y de seguridad. 
  • BBC, Al Jazeera, DIA Reports: detallaron la presencia de asesores militares rusos, sistemas antiaéreos y radares/elementos de guerra electrónica en Venezuela.
  • Doctrina del Pentágono sobre amenazas integradas: considera críticas las convergencias simultáneas de potencias hostiles en puntos de vulnerabilidad regional.

El “componente extra”: redes, crimen organizado y escenarios de peor caso (o worst-case scenarios). Son descripciones de las situaciones más negativas o desfavorables que podrían ocurrir en un proyecto, sistema o situación, sirviendo para evaluar riesgos, planificar contingencias y diseñar sistemas fuertes (como en algoritmos o productos digitales) al considerar el impacto máximo de eventos adversos como fallos, crisis o recursos limitados.

A este cóctel, muchos analistas añaden un elemento adicional: la asesoría iraní a través de la Guardia Revolucionaria y la presencia histórica de redes asociadas a Hezbollah y Hamas en la región, inicialmente orientadas al autofinanciamiento (ayuda médica, apoyo solidario), pero con potencial de converger con rutas ilícitas locales.

Cuando se superponen crimen, actores estatales y redes transnacionales, aumenta la incertidumbre y se planifica para escenarios de peor caso, incluso si no todas las piezas son visibles en el debate público.

Stephen Miller – CNN

La cita que condensa el giro de marco

Mientras la opinión mediática hace malabares para encajar la incursión de los EE.UU. en Venezuela en su relato, la Administración Trump cuenta la verdad, sin margen para especulaciones.

El asesor de Trump para seguridad interior, Stephen Miller dijo para la cadena CNN: «Se puede hablar todo lo que se quiera, de las buenas maneras internacionales y de todo lo demás, pero vivimos en el mundo real, que se rige por la fuerza y el poder. Son las leyes de hierro del mundo, que existen desde el inicio de los tiempos».

«Es absurdo que permitamos que un país que está en nuestro patio trasero se convierta en proveedor de recursos para nuestros adversarios, pero no para nosotros. Que acumule armas de nuestros enemigos para poder actuar como un activo contra Estados Unidos, y no en nombre de Estados Unidos».

Sin duda sorprende la claridad en este mensaje directo.

No olvidemos que en España sufrimos un “apagón” estatal y aún no conocemos la causa. Y tenemos muchos problemas para determinar cuándo enviar o no un aviso de temporal.

Final

Se puede seguir creyendo que toda gira en torno al petróleo. O se puede mirar el mapa estratégico.

En síntesis: el mensaje político sugiere el fin de la retórica y el regreso a la lógica del poder sin disfraces. Se podrá discutir el marco jurídico o el precedente que se abre; lo que cuesta ignorar es que, a ojos de Washington, Venezuela habría dejado de ser un problema regional para convertirse en un nodo de competencia estratégica global. El petróleo funciona como explicación rápida. La geoestrategia (los minerales críticos, las capacidades militares y la convergencia hostil) es el guion de fondo.