A vueltas con el caso David Sánchez

David Sánchez y Pedro Sánchez

Al partido del Gobierno, viéndose acorralado por las reiteradas sentencias judiciales (y las que vendrán) que les ponen en la picota y que demuestran el grado de corruptela imperante; no le queda otra que acelerar la fabricación de exabruptos y cortinas de humo intentando minimizar daños. Para ello cuidan el lenguaje y los mensajes elaborando un relato que se repite hasta la saciedad en los medios de comunicación afines, en los partidarios socialistas y en los partidos que les apoyan.

Empecemos a desgranar que dicen y por qué lo dicen:

  • La condena es una persecución política ya que: "Le han condenado por ser el hermano del presidente"¾ha dicho la ministra de Sanidad, la Sra. García. La sentencia lo contradice al afirmar categóricamente que David Sánchez sabia que el puesto fue creado en exclusiva para él y que participó en el "proceso" para parecer legítimo. Es decir su condena es por "cooperación necesaria en un delito de prevaricación", tal como reza la sentencia, no por llamarse Sánchez. No se le puede condenar por prevaricación porque no es funcionario, cierto. Por ello se le condena "como cooperador necesario".
  • Se agarran a que según dicta también la sentencia: "los hechos no son probados"¾tal como airea la Sra. Mínguez. El caso es que lo que no se ha probado es quien presionó para darle el puesto, si el presidente, su entorno o cualquier otro, lo que, a David Sánchez, le ha ahorrado ser condenado por "tráfico de influencias".
  • Cuando no hay argumentos, declaran que es lawfare. ¡Vaya hombre! ya volvemos con la palabreja. Nueva forma de decir cuando pierdes al parchís que el otro hace trampas y te retiras "indignado" de la partida, aun habiendo seguido las normas del juego hasta el final. En el juicio se ha seguido escrupulosamente y en abierto todas las comparecencias, pruebas, aportaciones de testigos... ¿Cuando los políticos acataran las sentencias cuando no les beneficia como debemos hacer el resto de los mortales? Tranquilos, les queda los altos tribunales. Alguno habrá (por ejemplo el Constitucional) que abogue por sus intereses.

Llega un momento que hago mías las palabras del filósofo José Antonio Marina cuando habla de si todas las opiniones son respetables. Por supuesto el movimiento woke saltaría de inmediato diciendo que: "por supuesto, todas las opiniones son respetables". Yo ya empiezo a estar convencido, tal como dice nuestro filósofo, que esto no es así.  Lo que debe ser respetable es el derecho a exponer libremente la opinión. Pero que una opinión sea respetable depende de lo que se diga, porque puede haber opiniones sin fundamento, malintencionadas, blasfemas, racistas, xenófobas, que inciten a la violencia, que provoquen el odio...

Si tragamos con todos los relatos que nos cuentan los políticos sin cuestionarlos, estamos abdicando de nuestro sentido crítico y dejándonos llevar por unos intereses u otros.

Hay que debatir los argumentos y no renunciar a ellos. Quizás, como dice el mismo filósofo, se deba a que estamos en la era tecnológica que nos aboca a mensajes cortos e impactantes pero que quedan como titulares y hay una grave crisis de lectura de textos argumentados y profundos. La "pereza argumental" nos lleva sin remedio a huir del sentido crítico y quedarnos con las voces que más gritan o que mejor nos llegan.

Triste, pero real.