España supera las 1.000 nuevas jubilaciones al día y necesita cada vez más trabajadores extranjeros
Cada año alrededor de 375.000 españoles acceden a la jubilación mientras las generaciones del baby boom comienzan a abandonar masivamente el mercado laboral. Al mismo tiempo, casi dos de cada tres nuevos afiliados registrados durante el último año son extranjeros. Las dos cifras ayudan a explicar uno de los grandes cambios que afronta España: necesitamos cada vez más inmigración para mantener una población activa que envejece.
España tiene un problema demográfico que empieza a trasladarse con toda claridad al mercado laboral. Mientras el Gobierno celebra que nuestro país haya superado los 3,5 millones de trabajadores extranjeros afiliados a la Seguridad Social, otra estadística ayuda a comprender por qué esos trabajadores están adquiriendo tanta importancia para la economía española.
Cada día se jubilan en España más de 1.000 trabajadores.
No es una estimación exagerada. En 2025 se registraron oficialmente 375.324 nuevas altas de jubilación, según los últimos datos consolidados de la Seguridad Social. Son 7.259 más que las 368.065 registradas durante 2024.
Dividiendo esas 375.324 nuevas jubilaciones entre los 365 días del año obtenemos 1.028 jubilaciones diarias. O, visto de otra manera: 42 nuevos jubilados cada hora. Prácticamente uno cada minuto y medio. Y 2026 continúa por el mismo camino.
Hasta mayo, último periodo acumulado publicado por la Seguridad Social, se habían producido ya 154.581 nuevas altas de jubilación. De mantenerse aproximadamente ese ritmo durante todo el ejercicio, España volvería a moverse en el entorno de las 370.000 nuevas jubilaciones anuales.
El baby boom empieza a pasar factura
El fenómeno no es circunstancial. España está entrando progresivamente en la jubilación de las generaciones del denominado baby boom, nacidas fundamentalmente durante los años sesenta y primera mitad de los setenta.
Son generaciones mucho más numerosas que las que posteriormente se incorporaron al mercado laboral. Y eso genera una doble presión. Por un lado, cientos de miles de trabajadores abandonan cada año el mercado de trabajo. Por otro, pasan de ser cotizantes de la Seguridad Social a convertirse en perceptores de una pensión.
El sistema ya abonaba en mayo de este año 10.480.593 pensiones contributivas a cerca de 9,5 millones de personas, con una nómina mensual de 14.365 millones de euros.
No significa que España necesite contratar exactamente a un trabajador por cada persona que se jubila. Sería una simplificación incorrecta: un empleo puede desaparecer, automatizarse, transformarse o cubrirse mediante aumentos de productividad.
Pero sí significa que la economía necesita una cantidad enorme de nueva población activa simplemente para compensar el envejecimiento de su fuerza laboral. Y ahí aparece la inmigración.
420.875 trabajadores extranjeros más en doce meses
Los datos conocidos este viernes encajan casi como las piezas de un puzle. España tiene ya 3.512.223 trabajadores extranjeros afiliados a la Seguridad Social, después de haber incorporado 420.875 afiliados extranjeros en solamente doce meses.
Comparemos las dos magnitudes:
- 375.324 nuevas jubilaciones en 2025.
- 420.875 afiliados extranjeros adicionales en los últimos doce meses.
Son estadísticas diferentes y, por tanto, no debemos decir que esos inmigrantes hayan sustituido directamente a quienes se jubilaron. Pero la comparación permite comprender perfectamente la dimensión del cambio demográfico.
Por cada 100 nuevas jubilaciones que registra actualmente España, el sistema ha ganado durante el último año aproximadamente 112 afiliados extranjeros. Sin esa incorporación masiva de trabajadores procedentes de otros países sería extraordinariamente difícil mantener el crecimiento actual de la población ocupada.
Dos de cada tres nuevos afiliados son extranjeros
Existe otro dato todavía más revelador. Durante los últimos doce meses la Seguridad Social ha ganado aproximadamente 642.500 afiliados. De ellos, unos 420.900 son extranjeros. Es decir, aproximadamente el 65% del crecimiento neto de la afiliación, prácticamente dos de cada tres nuevos afiliados, corresponde a trabajadores extranjeros.
Al mismo tiempo, la EPA del segundo trimestre de 2026 muestra que España alcanzó los 22.837.400 ocupados, después de crear 605.400 empleos durante los últimos doce meses. La inmigración, por tanto, ya no constituye una aportación marginal al mercado laboral español. Se ha convertido en uno de los elementos esenciales que permiten que continúe aumentando.
Una España con cada vez más jubilados y cada vez más trabajadores extranjeros
El cambio puede observarse desde otra perspectiva. La edad media real de acceso a la jubilación ha aumentado hasta los 65,3 años, frente a los 64,4 años de 2019. Además, el Gobierno está consiguiendo retrasar parcialmente la salida del mercado laboral mediante incentivos: las jubilaciones demoradas representan ya alrededor del 12% de las nuevas altas, cuando en 2019 suponían apenas el 4,8%.
Pero retrasar unos meses o unos años la jubilación solamente amortigua el fenómeno. No lo elimina. Las enormes generaciones nacidas durante el baby boom acabarán jubilándose. Y detrás llegan generaciones considerablemente menos numerosas. La solución que está encontrando el mercado laboral español es cada vez más evidente: incorporar trabajadores extranjeros.
Eso explica que desde junio de 2022 España haya sumado más de 1,2 millones de afiliados extranjeros y que estos representen ya alrededor del 15,6% de todos los cotizantes.
No solamente necesitamos trabajadores: necesitamos productividad
Hay, sin embargo, una cuestión económica todavía más importante. España puede compensar parte de su envejecimiento aumentando continuamente su población activa mediante inmigración. Pero aumentar el número de trabajadores no puede convertirse en la única solución. Porque para sostener un país con cada vez más pensionistas no solamente necesitamos más trabajadores. Necesitamos trabajadores más productivos, con mejores salarios y, por tanto, con mayores cotizaciones.
La productividad resulta fundamental porque el sistema español de pensiones es esencialmente de reparto: las cotizaciones de quienes trabajan actualmente financian las pensiones que se pagan actualmente. Cuantos más jubilados haya respecto al número de trabajadores, mayor será la presión financiera.
La inmigración ayuda extraordinariamente a aliviar ese desequilibrio, especialmente porque buena parte de quienes llegan se encuentran en edades laborales. Pero si el empleo que se crea se concentra excesivamente en actividades de baja productividad y bajos salarios, harán falta cada vez más trabajadores para generar las cotizaciones necesarias. Ese es, probablemente, el verdadero desafío.