Adamuz: el PSOE ya tiene su DANA
Durante años, el PSOE ha hecho del señalamiento moral un arma política. La tragedia de la DANA fue utilizada sin pudor para cargar toda la culpa sobre Carlos Mazón, en un ejercicio de crueldad política calculada, ignorando deliberadamente décadas de falta de inversión estatal en pantanos, presas y obras hidráulicas, muchas de ellas competencia directa del Gobierno central. A Mazón se le podía acusar de huidizo y cobarde pero no de tener responsabilidades para evitar lo ocurrido. Sin embargo, la presión y el relato emitidos desde la caja de resonancia publica de Moncloa y del PSOE hicieron que todo el mundo desviara la atención hacia el, afortunadamente, expresidente del Gobierno de la comunidad Valenciana.
Hoy, sin embargo, el espejo devuelve una imagen incómoda. Adamuz amenaza con convertirse en el símbolo de una gestión temeraria, negligente y profundamente irresponsable del Estado en materia de infraestructuras. Y esta vez, las responsabilidades apuntan de lleno al Gobierno socialista y a su gestión del transporte ferroviario. Sin pasar por alto que un encarcelado José Luis Ábalos es el primer ministro de Transporte de la “era Sánchez”, presuntamente por “mamporrear” con dinero público. La siguiente ministra fue Raquel Sánchez, que cayó en desgracia a los dos años de ocupar el cargo y, el tercero, el muy polémico Oscar Puente que se dedica a tuitear y borrar “adversarios internautas” sin parar, pero que gestionar lo deja para el prójimo…
Tampoco debemos olvidarnos que otra imputada en toda esa trama es Isabel Pardo de Vera, presidenta de Adif del 2018 al 2021 quien fue Secretaria de Estado de Infraestructuras, Transporte y Vivienda entre 2021 y 2023. La “dimitieron” a causa del encargo de compra de 31 trenes por valor de 258 millones de euros para transitar las comunidades autónomas de Asturias y Cantabria. Los trenes se encargaron con dimensiones demasiado anchas para los túneles de las regiones. Un caso que aún a día de hoy sigue siendo objeto de mofa por parte de toda la ingeniería de infraestructuras de Europa.
Volviendo al desastre acontecido en Adamuz, las informaciones que están saliendo a la luz sobre compras de materiales inadecuados para el uso real en las vías, sobre adjudicaciones cuestionables y sobre decisiones técnicas difícilmente justificables, dibujan un panorama alarmante. No se trata de un error puntual ni de un fallo aislado: es un patrón de incompetencia. El mismo que hizo diseñar trenes que no cabían por sus vías ni sus túneles pocos años atrás.
El Ministerio de Transportes, bajo gobiernos socialistas sucesivos, ha demostrado una preocupante incapacidad para garantizar algo tan básico como la seguridad ferroviaria. Y lo ocurrido, por ejemplo, en Cataluña lo confirma de manera brutal: dos descarrilamientos en un solo día, en Gelida y Maçanet de la Selva. Y un tercero, dos días más tarde, que se repite en Maçanet por desprendimiento de taludes. A esto debe añadirse la invasión de una grúa en Cartagena que golpeó un tren y otro descarrilamiento en el ramal ferroviario de Córdoba a Jaén. ¿Casualidad? ¿Mala suerte? ¿O consecuencia directa de una red mal mantenida, materiales inadecuados y una gestión política más preocupada por el relato que por la realidad? De todo un poco.
Mientras tanto, las líneas de alta velocidad acumulan incidencias, retrasos, averías y fallos técnicos que hace una década habrían provocado dimisiones inmediatas. Hoy, sin embargo, se normaliza el caos. Se minimizan los hechos. Se busca culpables periféricos. Nunca el núcleo político. Conviene recordar que esta política ferroviaria no nace de la nada. Tiene nombres y apellidos. Desde la etapa de José Luis Ábalos hasta la actual dirección ministerial de Puente, pasando por la responsabilidad última del presidente Pedro Sánchez, el deterioro ha sido progresivo y evidente.
Lo verdaderamente indignante no es solo la incompetencia, sino la hipocresía. Los mismos que exigían responsabilidades penales inmediatas a gobiernos autonómicos por catástrofes naturales, hoy guardan silencio ante fallos estructurales del Estado que ponen en riesgo vidas humanas a diario. Los mismos que hablaban de “negligencia criminal” cuando convenía políticamente, hoy se refugian en tecnicismos y comunicados vacíos.
Adamuz no es solo un lugar. Es un símbolo. El símbolo de un Gobierno que ha descuidado infraestructuras críticas, que ha priorizado propaganda sobre mantenimiento, y que ahora recoge los frutos de su propia desidia. Adamuz es el símbolo de la caída del “imperio sanchista”. Es el adiós obligado a 8 años de búsqueda del beneficio propio y de olvidarse de los catalanes, de los valencianos, de los madrileños, de los andaluces…, en definitiva, de los españoles.
El PSOE ya tiene su DANA. La diferencia es que esta no cayó del cielo. Esta se construyó —o se dejó de construir— desde los despachos y la incompetencia.