Mazón y Sánchez
En las tragedias nacionales como las que hemos vivido estos días en España, con los terribles accidentes ferroviarios, es cuanto se conoce de verdad el carácter solidario y desprendido de los españoles. Ya no solo el pueblo de Adamuz, sino prácticamente toda la sociedad española ha hecho lo indecible para acoger, ayudar y consolar a las víctimas y a los familiares de los fallecidos. Y así debe ser siempre.
Es importante que las investigaciones sobre lo sucedido continúen y arrojen luz sobre las causas, no solo ya para depurar responsabilidades, sino también y sobre todo para que se tomen las medidas para que nunca más ocurra nada parecido.
Nuestro país ya ha pasado por muchas desgracias seguidas: la pandemia que se llevó a muchas personas por delante, el apagón eléctrico, los efectos de la Dana en el Levante, los incendios en media España y ahora estos graves accidentes de tren.
La pandemia fue mundial y bastante tuvimos con contenerla gracias al esfuerzo de todos y en especial de los sanitarios, nunca suficientemente reconocidos.
El apagón eléctrico, que tanto trastornó a la vida cotidiana, está aún sin esclarecer y eso que ya han pasado diez meses... ¿Llegaremos realmente a saber lo que pasó y por qué pasó? ¿O la máquina ideológica y mediática del Gobierno lo ocultará en el tiempo y en el olvido?
Con los otros tres casos de las catástrofes señaladas, se demuestra una hecho irrefutable: la ciudadanía está a la altura y es solidario, pero nuestros políticos no.
La guerra ya empezó con los terribles efectos de la Dana en el mes de octubre de 2024. La ausencia en el control de emergencias del entonces Presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, levantó la indignación de la población por sentirse traicionado y desatendido por su máximo representante autonómico que debería estar al mando de toda la operación. Las manifestaciones en su contra, finalmente consiguieron su dimisión. En aquel episodio, tampoco el Gobierno estatal, seguramente por intereses políticos, manejó decentemente la situación: Sánchez con aquello de "Si necesitan ayuda, que la pidan" y la Ministra Robles negando en un primer momento la intervención militar que sí ofreció a Marruecos tiempo atrás; demostraron una bajeza moral que, por desgracia, no parece pasarles factura.
Luego llegaron los incendios del verano del año pasado. De nuevo se pudo observar la batalla política por encima del interés común. El cruce de declaraciones y denuncias públicas entre las administraciones central y autonómicas fueron constantes. Con ello, seguramente, se entorpecieron las actuaciones necesarias. Quedan por aclarar muchas cosas de esos días y de si las decisiones de unos y otros fueron las convenientes y necesarias.
Y ahora llegan las catástrofes de los trenes con un reguero de muertes. A los dos accidentes le sigue el caos de toda la red ferroviaria y en especial en Rodalies de Cataluña. Tras el desconcierto y la afectación se acaban ya de levantar voces que exigen la dimisión del ministro Puente. El Partido Popular y Vox, por supuesto lo han exigido, pero también Junts y ERC (aunque RTVE lo oculte y ni los nombre).
Lo que me extraña es que nadie siga el mismo rasero que se usó en la Dana. ¿Cómo es posible que entonces se exigiera la dimisión del máximo responsable, Mazón, con un sinfín de manifestaciones legítimas y ahora no se exija la dimisión de Sánchez?
Para los partidos independentista es de pura lógica y practicidad. Sánchez les conviene en la Moncloa, pero para la oposición y para todo el resto de la ciudadanía... ¿Cómo es posible que no se organicen manifestaciones en contra de los responsables del tráfico ferroviario? ¡Incomprensible!
No olvidemos que las competencias pertenecen al Gobierno central español, encabezado por los socialistas del PSOE. ¿Dónde estaba Sánchez el día de los hechos? ¿En su "ventorro" particular?
De eso no se ha hablado. Solo se señala a Puente, quien ya ha recibido el apoyo incondicional de su líder. ¡Qué menos debe hacer éste para alejar el foco de su persona!
Veremos cómo acaba todo esto. Las investigaciones judiciales van despacio, lamentablemente, pero la verdad llegará, tarde o temprano.