La inestabilidad en la red ferroviaria catalana genera la primera crisis de identidad y apoyo en ERC y Junts

Se abre la veda: los socios catalanes de Sánchez piden dimisiones

Los socios catalanes piden dimisiones

La inestabilidad crónica de la red ferroviaria catalana ha provocado algo más que retrasos y enfado ciudadano: ha abierto la primera gran grieta política visible entre Pedro Sánchez y sus socios catalanes. ERC y Junts han comenzado a pedir dimisiones —las de Óscar Puente y Silvia Paneque— en lo que no es todavía una ruptura, pero sí un aviso calculado de que, cuando el barco se mueve, cada cual piensa antes en su propio electorado que en la lealtad al socio.

Está claro que el Pisuerga pasa por Valladolid. Tan claro como que ningún político desaprovecha una crisis ajena —aunque sea de un “aliado”— si puede arañar votos. No se trata aún de abandonar el barco, sino de sacudirlo lo justo para que parezca que se hace algo, sin asumir el coste real de una ruptura. Dimisiones, sí; responsabilidad estructural, no.

ERC: ruido sin riesgo

Oriol Junqueras, el hombre que sostiene a Sánchez en la Moncloa y a Illa en la Generalitat a cambio de poder, cargos y estabilidad interna, ha reclamado la dimisión de Silvia Paneque y de Óscar Puente por su “incapacidad manifiesta” en la gestión del caos de Rodalies. Habla de fallos estructurales, de mala gestión y de ausencia de soluciones. Todo cierto. Pero lo hace sin cuestionar al responsable último: el presidente del Gobierno que decide presupuestos, prioridades y ritmos de inversión desde hace ocho años.

ERC necesita aparentar firmeza ante una base cada vez más impaciente, pero sin tensar la cuerda hasta romperla. El mensaje es claro: protestamos, pero no tanto como para poner en peligro la caja.

Junts: presión retórica, mismo límite

Carles Puigdemont y Junts juegan una partida similar, aunque con un tono más bronco. Exigen responsabilidades políticas y preguntan cuántos cortes de vía más harán falta para que alguien dimita. Vinculan el desastre ferroviario a la falta de inversión y mantenimiento, y no les falta razón. Pero, de nuevo, el límite está perfectamente marcado: se apunta a ministros y consejeros, nunca al inquilino de la Moncloa.

Junts necesita demostrar que sigue siendo útil, influyente y temible. Mucho ruido, muchas palabras gruesas… pero ninguna bala contra Sánchez, porque eso implicaría renunciar a su actual posición de fuerza negociadora.

Comuns: silencio interesado

El tercer socio catalán, Comuns, ni siquiera ha llegado a pedir dimisiones. Críticas suaves, llamadas genéricas a mejorar el servicio y poco más. No vaya a ser que, por levantar demasiado la voz, se pongan en riesgo los abundantes privilegios institucionales que disfrutan tanto en Madrid como en Catalunya.

Conclusión: dimisiones menores para evitar la grande

Lo ocurrido en Renfe, Adif y el Ministerio de Transportes tras los últimos accidentes y el miedo creciente de los usuarios ha activado un movimiento perfectamente calculado: pedir dimisiones intermedias, generar ruido mediático y presentarse como defensores del ciudadano, sin tocar el núcleo del problema.

Porque, seamos claros: la gran dimisión —la de Pedro Sánchez— no está ni estará sobre la mesa. Es él quien no ha tomado decisiones presupuestarias suficientes ni ha priorizado el mantenimiento ferroviario durante casi una década. Pero pedir su cabeza supondría perder poder, influencia y beneficios.

Así que el escenario es previsible: algún sacrificio menor, quizá un ministro o algún alto cargo, a cambio de que ERC y Junts puedan decir a los suyos que mandan, que influyen y que “aprietan”. Siempre, eso sí, mientras la caja siga abierta y el dinero siga entrando.