Opinión

La punta del iceberg

Las tragedias vividas al comienzo del año en nuestros trenes han destapado un tema muy preocupante: nuestro país invierte cada vez menos capital para mantener las infraestructuras que dependen del Estado. Es decir, nuestra red ferroviaria, nuestras carreteras y nuestras presas no reciben la atención y el mantenimiento que requieren. El envejecimiento de los materiales y el descuido continuado en su mantenimiento, hace peligrar seriamente a la población.

Paso a nivel con barrera en el 2026
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A pesar de las múltiples llamadas de atención y de las alertas que manifiestan y difunden los técnicos y especialista en este tema, los políticos, enfrascados en sus luchas partidarias, en su propia incompetencia o en la limitación de sus presupuestos; hacen caso omiso y miran para otro lado.

Veamos algunos datos:

En el caso del ferrocarril, España destinó hace diez años, 738 millones de euros en mantener la red de alta velocidad que por entonces tenía casi 3.000 kilómetros. Este año el dinero presupuestado para ello es inferior (alrededor de los 693 millones), cuando la red ha aumentado hasta los 4.000 kilómetros y el número de pasajeros se ha duplicado. Parece imposible, pero para nuestro gobierno, la máxima de: "más trenes, más viajeros y menos inversión", les parece adecuada. ¡Lamentable!

Si hablamos de las carreteras, los expertos vienen avisando de que es necesaria la inversión de 2.000 millones por año para adecentar nuestras vías. El Gobierno dedica menos de la mitad, solamente 800 millones.

Donde nadie pone el foco y donde el problema se agudiza, es con el mantenimiento de las presas hidráulicas. En cifras, los expertos piden una inversión de 600 millones anuales. El presupuesto estatal, escasamente le va a dedicar 16 millones. Alarmante.

España cuenta con más de mil presas repartidas por todo el territorio nacional, de las cuales, 375 son de titularidad estatal. Son infraestructuras antiguas, en su mayoría, rondando los 60 años de media. Dios no lo quiera, pero si una de las presas, catalogadas como A, reventara afectaría gravemente a importantes núcleos urbanos y estaríamos hablando de cientos o miles de víctimas por el paso incontrolado del agua.

Por lo que aseguran los expertos, cada presa debería tener un plan de contingencia, pero parece que no todas lo tienen.

La Asociación de ingenieros de Caminos viene pidiendo a la administración que se forme un órgano independiente que garantice la seguridad de las presas españolas, al estilo del Consejo de Seguridad Nuclear que ya existe.

Una vez más estamos sobre el hilo fino del peligro si no se actúa con eficacia y profesionalidad.

La ciudadanía debe exhortar a nuestros dirigentes a tomar medidas serias y a dedicar los recursos necesarios para que ninguna catástrofe más ensombrezca nuestro día a día.