Gonzalo de Oro pide acabar con la distinción de barceloneses de primera o de segunda, según que lengua usen
En el pleno del Ayuntamiento de Barcelona celebrado este 6 de mayo de 2026, el concejal Gonzalo de Oro (Vox) protagonizó una intervención especialmente crítica con la política lingüística municipal, poniendo el foco en lo que considera una desconexión entre la institución y la realidad social de la ciudad.
Desde el inicio de su discurso, De Oro marcó distancias con el resto de grupos al afirmar con contundencia: “Ustedes viven en su mundo”, una frase que utilizó como hilo conductor para denunciar que, a su juicio, el debate político se aleja de las preocupaciones reales de los ciudadanos. En esa línea, reprochó que durante la sesión “han hablado mucho de Aragón, de Valencia, de Baleares, pero no han hablado nada de los derechos de los barceloneses”, insistiendo en que “los derechos de los barceloneses les dan igual”.
Uno de los momentos más destacados llegó al abordar la cuestión lingüística. El concejal negó que exista conflicto social en la calle y situó el problema dentro de la propia institución: “No, en la calle no hay ningún problema. El problema está aquí”. A partir de ahí, criticó lo que considera una infravaloración del español, afirmando que el consistorio dedica “a la lengua más hablada de la ciudad el mismo tiempo que en hablar sánscrito”, una comparación que repitió para subrayar su mensaje.
De Oro defendió que Barcelona es una ciudad bilingüe en la que el castellano tiene un peso mayoritario: “Dar la espalda a la realidad de una ciudad bilingüe y que mayoritariamente usa el español, por mucho que les moleste”. En este contexto, reivindicó el papel del castellano como “la lengua común de todos” y pidió que sea “lengua oficial y vehicular en este ayuntamiento”, recordando que es el idioma en el que “sueñan, trabajan, aman y se comunican la mayor parte de los barceloneses”.
El concejal fue más allá al describir el ambiente institucional como “un lugar extraño, triste, alejado de la realidad de la ciudad, diría que lúgubre, lleno de odio”, donde, según denunció, el español “se considera una lengua ajena, se considera de segunda, es más, una lengua a eliminar”.
Pese al tono crítico, De Oro quiso matizar que su propuesta no busca desplazar al catalán: “No pedimos privilegios, no pedimos quitar nada ni cuestionar nada, ni mucho menos el papel del catalán. Pedimos igualdad de trato”. En este sentido, apeló al “puro sentido común” para que el Ayuntamiento utilice con normalidad ambas lenguas oficiales.
La intervención concluyó con una de sus frases más contundentes, sintetizando su denuncia: “Acabar con los barceloneses de primera y los barceloneses de segunda”, en referencia a lo que considera una desigualdad en función del uso de la lengua.