Illa dibuja una Catalunya “de cine” que no existe… ni se espera
El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, insistió el fin de semana en un acto de partido, en proyectar una imagen de Cataluña optimista, dinámica y en plena recuperación de protagonismo internacional. Una Cataluña —en sus palabras— que vuelve a ocupar “un puesto relevante en Europa y el mundo”. El problema no es el mensaje. El problema es la distancia entre el mensaje y la realidad.
El relato: cultura, cine y proyección exterior
El Govern ha apostado por reforzar el sector audiovisual como símbolo de país: subvenciones al doblaje en catalán, impulso institucional al cine y eventos como los Goya en Barcelona o foros internacionales.
La idea es clara: construir un relato. Una Catalunya moderna, creativa, atractiva. Una Catalunya “de cine”. Pero eso es exactamente lo que es: un relato.
La realidad: infraestructuras, gestión y desgaste
Mientras el Govern habla de proyección internacional, la Cataluña cotidiana sigue atrapada en problemas estructurales:
- Rodalies en crisis crónica, con promesas de mejora que siempre llegan “en semanas”.
- Presupuestos inciertos y gobernabilidad en minoría.
- Servicios públicos tensionados y sensación creciente de desgaste institucional
No es que Cataluña no tenga potencial. Es que la política va por un lado… y la realidad por otro.
La política del escaparate
Illa no es el primero en intentar construir un país desde la narrativa. Pero el riesgo es evidente: cuando el discurso se convierte en escaparate, la gestión queda en segundo plano. Y eso ya ha pasado.
Campañas institucionales retiradas por falta de rigor, mensajes que anuncian más de lo que ejecutan, y una constante necesidad de proyectar éxito antes de consolidarlo. El Govern vende futuro. Pero el presente no acompaña.
Una Catalunya que no llega
El problema de fondo no es ideológico. Es estratégico. Porque Cataluña no necesita que le expliquen lo que podría ser. Necesita que funcione lo que ya tiene. Cataluña necesita trenes que lleguen, servicios que respondan y una economía que no dependa del relato.
Y ahí es donde el discurso de Illa empieza a hacer agua: Cataluña no es una película. No se puede montar con planos bonitos y música de fondo. O se gestiona… o se disimula. Y ahora mismo, la sensación es que se está disimulando demasiado.