Hergé, acusado de “infantil”: el error crítico que no pasa la prueba del tiempo
En septiembre de 1984, un manifiesto publicado en El País cuestionó que la Fundació Miró dedicara su primera monográfica de cómic a Tintín y a Hergé. La acusación central era simple: obra “para niños”, sin “rango estético”, peligrosa para la “adultización” del noveno arte. Cuatro décadas después, ese diagnóstico se revela menos como crítica y más como síntoma: el miedo a que lo popular entre en el templo.1
1) El núcleo del reproche: destinatario confundido con valor
El manifiesto cristaliza su tesis en una frase que conviene citar porque es el corazón del “caso”: la Fundación no debería elegir “una obra con destinatarios infantiles y sin el rango estético suficiente” para una institución ilustre.1
La objeción falla por principio: la edad del lector no es un argumento estético. Lo sería si la obra sólo funcionara en un horizonte de ingenuidad; pero Tintín es, precisamente, relectura y precisión. Un niño “entra”; un adulto “permanece”. Eso no es degradación: es amplitud de espectro, algo rarísimo.
2) La “imagen infantiloide”: cuando la crítica describe su propio prejuicio
El texto llega a advertir que el patrocinio de la Fundació Miró “prorroga la imagen infantiloide que sufre la narrativa dibujada”.1
Aquí el manifiesto deja de evaluar una obra concreta y pasa a vigilar un estatus cultural: qué puede o no puede representar al cómic “adulto”. Pero la madurez de un arte no se decide prohibiendo sus clásicos legibles, sino reconociendo su diversidad interna: lo experimental, lo satírico, lo político y también lo narrativo-clásico. Una cultura sólida no se construye por exclusión.
3) “Dibujo fácil”: la claridad no es facilidad, es disciplina
La pieza recoge, además, un argumento complementario atribuido a Javier Coma: “Se trata de un dibujo fácil y por tanto susceptible de ser imitado”.1
Esta frase es reveladora porque confunde dos planos: facilidad de lectura con facilidad de ejecución. La “línea clara” no es “fácil”: es un régimen de control.
· Cada contorno informa.
· Cada fondo aporta datos (no relleno).
· Cada viñeta administra ritmo, elipsis, orientación espacial.
La claridad, cuando es sostenida, es un tipo de rigor. Que pueda ser imitada no la rebaja: indica que se ha convertido en lenguaje, y un lenguaje, cuando cuaja, genera escuela.
4) “Operación editorial” y “nueva derecha”: el atajo ideológico
El texto sugiere que el auge español de Tintín se vincula a “una operación editorial” en torno a la “línea clara” y llega a deslizar una lectura de clima político (“promoción de la nueva derecha francesa”).1
Esto funciona como atajo: si se insinúa que el prestigio proviene de una maniobra, ya no hace falta leer la obra; basta con sospechar del contexto. Pero el valor de Hergé no depende de una etiqueta. Depende de algo verificable en la página: composición, tempo, coreografía, sentido de la aventura, humor, documentación y una ética narrativa del testigo (Tintín) que no necesita grandilocuencia para sostener el relato.
5) Dos claves para una defensa crítica (sin hagiografía)
Si el debate quiere ser literario y no tribal, dos libros ayudan a desplazar la discusión hacia lo único decisivo: el taller y la obra.
1) Benoît Peeters, Hergé, hijo de Tintín (ISBN 978-84-941691-9-9).2
Útil porque sitúa a Hergé en el conflicto creador: cómo un personaje puede “absorber” al autor, cómo se reescribe, cómo se pule una estética hasta convertirla en sistema.
2) Numa Sadoul, Entretiens avec Hergé (Casterman, 1971).3
Útil porque devuelve a Hergé su voz: dudas, método, límites, decisiones. Frente a la consigna, testimonio de trabajo.
Despedida y Cierre
La polémica de 1984 pretendía proteger al cómic de su caricatura “infantil”. Paradójicamente, lo que hoy suena infantil es el mecanismo crítico: confundir popularidad con inferioridad y sustituir la lectura por la sospecha. Tintín no necesita indultos: necesita lectores competentes. Y Hergé, con su precisión de lenguaje, su disciplina visual y su potencia narrativa, pertenece a esa categoría rara: los autores que sobreviven a las modas porque se sostienen, viñeta a viñeta, en el único tribunal serio: el tiempo.1
Notas
1. El País, sección Cultura, “Tintín en la Fundación Miró” (manifiesto), 14 de septiembre de 1984.
2. Benoît Peeters, Hergé, hijo de Tintín, ed. Confluencias, ISBN 978-84-941691-9-9.
3. Numa Sadoul, Entretiens avec Hergé, Casterman, 1971