El palacio de Granollers que alojó a un rey y desafió a un imperio

El Palau Perpinyà-Masferrer, en la Plaça de la Porxada

El Palau Perpinyà-Masferrer, en la Plaça de la Porxada, constituye uno de los testimonios más insignes de la arquitectura civil renacentista no solo de Granollers, sino del Valles Oriental. Catalogado como Bien Cultura de Interés Local se encuentra en los números 21 y 23 de dicha plaza. Es en piedra el simbolismo de la evolución social, política y dinástica de Cataluña. Su estructura actual, que comprende una planta baja, dos pisos superiores y un desván bajo una cubierta a dos aguas, es el resultado de una compleja estratigrafía histórica que une el gótico tardío y alcanza su madurez en pleno Renacimiento. Es en este periodo cuando la burguesía urbana comenzó a consolidar su poder a través de la arquitectura de prestigio.

El palacio original se remonta al año 1377. En esta época, en el bajo medievo, consta que María Boada realizó una donación de la totalidad de sus bienes a su hijo Berenguer con motivo de su boda, sentando las bases de lo que se convertiría en un futuro patrimonio territorial. El ascenso definitivo de la familia Masferrer se produce durante la segunda mitad del siglo XV. Los Masferrer, vinculados al gremio de hosteleros de Granollers, demostraron una notable capacidad de ascenso social al integrarse progresivamente en las instituciones del gobierno municipal. Esta transición de la actividad mercantil hacia la gestión del poder público queda representada en la Casa Perpinyà-Masferrer, que no solo funcionaba como residencia, sino como símbolo de estatus en el centro neurálgico de Granollers.

La fisonomía del edificio, a pesar de las muchas transformaciones que ha sufrido a lo largo de los años, conserva elementos de una factura plástica excepcional. La fachada, de pareado común revocado, se organiza sobre ejes de composición vertical muy acentuados que dotan al conjunto de una sobriedad aristocrática. El elemento de mayor valor artístico es el ventanal renacentista de estilo plateresco ubicado en la planta noble. Este vano de arco plano destaca por su guardapolvo sinuoso, una solución arquitectónica de gran elegancia que descansa sobre impostas esculpidas con figuras antropomorfas.

En el dintel, un relieve de ejecución magistral, presenta a dos leones enfrentados que custodian el escudo de la familia Masferrer. La heráldica, compuesta por una banda con tres herraduras de sable y dos estrellas, funciona como una firma indeleble de la propiedad sobre el espacio urbano. En la parte superior, el edificio remata con una galería de ventanas cuadradas en las buhardillas, un recurso arquitectónico típico de los palacios urbanos catalanes, que permitía la ventilación y la entrada de uz cenital a las áreas de servicio y almacenamiento.

Durante el siglo XVIII la estrategia de consolidación del linaje dio un giro fundamental al producirse el enlace matrimonial entre los Masferrer y la familia Perpinyà. Estos, procedentes de Gerona, ostentaban la categoría de Ciudadanos Honrados, un estatus que les otorgaba una posición privilegiada en la jerarquía social de la época. Esta unión dio lugar a la poderosa saga Masferrer-Perpinyà, que unificó bajo un mismo techo los intereses comerciales de los mercaderes de Gerona y el arraigo territorial de los burgueses de Granollers. Este palacio dejó de ser meramente una casa de la plaza para convertirse en un gran casal, un nodo de influencia que atraería la atención de las más altas esferas del poder peninsular durante los futuros conflictos dinásticos.

Ventana del Palau Perpinyà-Masferrer

El papel de este casal alcanzó su cenit durante la guerra de Sucesión. El 30 de enero de 1710 el archiduque Carlos de Austria en su calidad de pretendiente a la corona española, realizó una parada en Granollers. Se instaló en este casal, donde fue agasajado con una cena de gala y pernoctó hasta el día siguiente. Este episodio fue un reconocimiento a la lealtad de la familia a la causa austricista. Antonio Grat de Perpinyà, casado con la heredera de los Masferrer, había destacado previamente en la defensa del sitio de Barcelona en 1706. El palacio se transformó, por unas horas, en el epicentro de la resistencia y la legitimidad del bando austricista en Cataluña.

La figura más relevante fue la de Francesc de Perpinyà Sala i Sasala (1675-1730). Su trayectoria representa la tensión entre la fidelidad institucional y la supervivencia política. Mientras que su padre, Antoni Grat, terminó por adherirse a Felipe V, tras la derrota de la causa austricista para salvaguardar el patrimonio familiar, Francesc optó por una postura de resistencia inquebrantable. Como miembro de la Diputación del General y oidor militar, Francesc se encontró en el centro del huracán político el 12 de septiembre de 1714. Tras el asalto final de las tropas borbónicas a Barcelona y la constatación que la defensa era imposible, el general Villarroel propuso la capitulación. En una votación histórica, Francesc de Perpinyà fue uno de los diputados que se opuso frontalmente a la rendición, defendiendo la continuación de las hostilidades. Esta postura le acarreó graves consecuencias personales. Sus bienes fueron embargados y no se los devolvieron hasta la firma de la paz de Viena de 1725.

En la actualidad, el Palau Perpinyà-Masferrer se mantiene como un referente del patrimonio de Granollers. En septiembre de 2022 el Ayuntamiento de Granollers acordó instalar una plaza conmemorativa en su honor. Con ella se pretendía reconocer su figura histórica y su visión política al oponerse a la capitulación de Barcelona durante la Guerra de Sucesión.