Sánchez se queda solo
Cada día que pasa, Pedro Sánchez tiene menos aliados para mantenerse en La Moncloa. Lo que hasta hace unos meses parecía una mayoría parlamentaria resistente, aunque frágil, empieza ya a parecer un castillo levantado sobre arena mojada. Y las declaraciones del domingo de Aitor Esteban son mucho más que un aviso: son el sonido de una puerta que comienza a cerrarse.
El Partido Nacionalista Vasco nunca habla porque sí. Cuando Esteban afirma que sería “irresponsable” alargar esta legislatura, está diciendo en realidad que el crédito político de Sánchez empieza a agotarse también para quienes le sostuvieron desde el pragmatismo. El PNV no quiere hundirse con un Gobierno cercado por el desgaste, la judicialización y la sensación creciente de final de etapa.
Y mientras tanto, Junts per Catalunya aguanta únicamente por una razón: Carles Puigdemont sigue esperando una amnistía completa que nunca termina de consolidarse política ni judicialmente. Pero incluso esa paciencia tiene límite. Junts no vive de sostener gobiernos socialistas; vive de obtener resultados. Y si esos resultados no llegan, el apoyo desaparecerá tan rápido como apareció.
La gran pregunta ya no es si Sánchez puede gobernar. La pregunta es cuánto tiempo más puede sobrevivir dependiendo de socios que empiezan a calcular el coste electoral de seguir a su lado.
Porque aquí entra otro factor explosivo: el llamado caso Zapatero. Si las derivadas judiciales y políticas de este asunto siguen creciendo, el escenario puede cambiar por completo. El PNV y Junts son partidos nacionalistas, sí, pero también profundamente conservadores en su cultura de poder. Y ambos saben detectar cuándo un Gobierno entra en fase terminal.
Nadie quiere aparecer abrazado a un Ejecutivo que transmite agotamiento, escándalo y debilidad parlamentaria. Mucho menos dos formaciones que viven precisamente de marcar distancias y defender intereses propios antes que fidelidades ideológicas.
Pedro Sánchez ha sobrevivido a casi todo. Pero quizá esta vez el problema ya no sea la oposición. Quizá el verdadero problema sea que sus socios han empezado a asumir que el final puede estar más cerca de lo que parecía.