La izquierda caviar

La izquierda caviar

Históricamente la mayoría de los líderes comunistas y socialistas de alto rango y con cargos importantes en los sillones del poder acumularon riquezas y privilegios.

Ya uno de sus ilustres ideólogos, Karl Marx, el hombre que se alzó contra los obreros esclavizados e introdujo conceptos como la lucha de clases, la dictadura del proletariado y la importancia del trabajo llevó una vida de burgués. Primero, durante su juventud, viviendo a costa de sus padres, luego de la dote de su esposa aristocrática, para finalmente vivir de su suegra y de su compañero de ideales, Friedrich Engel. El autor del "Manifiesto comunista" tuvo una criada trabajando en su casa durante toda su vida. Su nombre era Helene Demuth.  Así que su vida privada no parece muy acorde con las ideas que logró implantar en medio mundo.

Para no poner demasiado el dedo en la llaga , afirmaremos también que quizás algún ideólogo o militante de base sí han podido mantener una vida austera, ya sea por convicción o por sus contexto personal. Haré una mención especial con José Mújica (exguerrillero y expresidente de Uruguay).

Pero lo que no tiene discusión es que, en los regímenes comunistas y socialistas, a diferencia de cómo viven sus líderes, la población sobrevive en un estado de eterna pobreza y dependencia económica del Estado, exprimida por un relato que alienta la esperanza de una vida mejor que nunca llega (véase Cuba o la URSS).

Por todo lo expuesto no nos debería extrañar lo que vivimos actualmente en nuestro país.

Nuestros líderes izquierdistas de caviar han dejado olvidados en sus armarios sus ropajes proletarios para vestir de modistos reconocidos. No hay más que ver los cambios de look de Yolanda Díaz, Belarra o Montero desde que ostenta poder.

Tampoco siguen ya en sus barrios obreros de los que salieron, para acomodarse en grandes chalets de tropecientos metros cuadrados y piscina, como el de Pablo Iglesias e Irene Montero. Por cierto, que ésta última arremete contra los "rentistas" pero ella es propietaria de al menos cuatro viviendas, según sus propias declaraciones de renta. Y su patrimonio ha aumentado exponencialmente desde que se dedica a la política.

Hablando de propiedades inmobiliarias comentemos que Pedro Sánchez dispone de dos viviendas y que muchos políticos de su entorno declaran tener tres, como por ejemplo Patxi López o Isabel Rodríguez (ministra de vivienda). Oscar Puente, nuestro bravo y verborreico ministro de transportes, declara cuatro viviendas... Y así podríamos seguir la lista. Quien se lleva la palma es la diputada del PSC María Mercè Perea que dispone, según su propia declaración, de trece viviendas.

Ni que decir de los millonarios Miquel Iceta (con escándalo reciente) o del expresidente Zapatero, que acumulan propiedades y patrimonio como quien colecciona cromos. El valor de los inmuebles de este último ha experimentado un aumento exponencial, pasando de valores inferiores a 40.000 euros a superar los 3,7 millones de euros. 

Los presuntos viajes de negocios de altos cargos políticos de izquierdas, nunca aclarados, con aviones oficiales a las islas caribeñas, hacen crecer todo tipo de especulaciones y sospechas.

Si hay algo que todo el mundo puede ver y que no deja lugar a dudas, es el lujo en el que viven nuestros dirigentes, que lejos de mantenerse austeros, despilfarran el dinero público en su propio beneficio. Por poner algún dato conocido y objetivo les diré que en 2020, durante la pandemia, hubo un gasto de 11.200 euros al mes en servicios de catering y bocadillos para el Congreso y Senado, aun cuando muchos restaurantes estaban cerrados al público. O que el Gobierno socialista +Sumar  ha aumentado significativamente el gasto en el catering de los aviones oficiales Falcon y Airbus. Los nuevos contratos superan los 250.000 euros, reflejando un incremento del 66% en el presupuesto para comidas, aperitivos y bebidas alcohólicas de lujo.

Y si no es suficiente lo relatado para demostrar la incoherencia izquierdista, solo tienen que ver el coste del reciente e inútil viaje de Yolanda Díaz a la ceremonia de los Óscars a cargo de los contribuyentes o la estancia de Pablo Iglesias en un hotel de lujo en la paupérrima ciudad de Santiago de Cuba, en su inoperante pero muy aclamada "caravana de la dignidad".

Solo les queda añadir a su manoseado relato aquello de: "haz lo que te digo, pero no lo que yo hago".