Andalucía: Todos ganan, Todos pierden
Las elecciones autonómicas de Andalucía nos dejan de nuevo el panorama del día después en el que todos ganan y nadie pierde. Nadie ha entonado un mea culpa, siquiera discretamente, por no alcanzar los resultados esperados. Porque todos ganan, pero todos pierden. Y los que más, nosotros, los ciudadanos de a pie. Será, como dijo Vargas Llosa, que no votamos bien…
Si hay que identificar un ganador, obviamente nos fijaremos en el PP de Juanma Moreno, pero solo por una cosa obvia: ha ganado las elecciones. Algo que parece mucho -todo, incluso-, pero que, probablemente, no es suficiente. Porque ganar unas elecciones en las que te dejas cinco diputados y, sobre todo, una mayoría absoluta cuando tu único objetivo era ese, poder gobernar “sin bronca”, el fracaso es evidente. Porque Moreno nunca ocultó, sino todo lo contrario, que gobernar con Vox era bronca, y por ello advirtió de lo que habría sin mayoría absoluta. De lo que habrá. Porque es bronca o bajada de pantalones donde el PP no se los iba a bajar. Porque con Vox como aliado es susto o muerte.
El PP, por tanto, gana. Pero pierde igualmente sin alcanzar su objetivo de revalidar una mayoría tranquila y suficiente que evite esa bronca.
"Parece más que cierto que esta nueva derrota del socialismo de Sánchez, que el ínclito número uno nunca reconocerá como propia"
Y si tenemos que buscar al perdedor, es evidente que habrá que mirar hacia un PSOE en su momento más bajo en un feudo propio y tradicional como el andaluz, con veintiocho escaños para los de M.ª Jesús Montero que es el peor registro de la historia autonómica en esta tierra que los socialistas siempre han considerado como suya. Parece más que cierto que esta nueva derrota del socialismo de Sánchez, que el ínclito número uno nunca reconocerá como propia, sino de otros que pasaban por allí y que no han sabido estar a la altura de un líder ungido por los dioses, sirve realmente solo para una cosa, por muy paradójica que parezca: afianzar la necesidad de que Sánchez perviva por encima de todo, incluso de estas derrotas aparentes, porque él es el único capaz de frenar al fascismo. Ahí es nada…
El PSOE, por ello, pierde. Pero gana igualmente porque consigue con su sacrificio que otros no gobiernen tranquilos, sino que lo hagan con bronca.
"Más allá de PP y PSOE el panorama es desolador"
Así es que más allá de PP y PSOE el panorama es desolador, porque por la derecha del PP solo tenemos a un Vox que se estanca y tal -y todo lo que ustedes quieran- pero que aumenta en un escaño su presencia institucional, atenazando con puño de hierro los atributos de un Juanma Moreno al que amenazará un día sí y un día también con esa presión de quien lo quiere todo, aunque no pueda tener nada porque lo que le importa es lo que parezca y no lo que sea. Y por la izquierda tenemos ya a Adelante Andalucía y Por Andalucía, un par de restos reunidos de lo que un día fueron IU, Podemos y Sumar, que han alcanzado juntos trece escaños frente a los siete de hace cuatro años, si bien todos ellos ineficaces para formar alternativa, en cualquier caso.
Los extremos a la derecha del PP y a la izquierda del PSOE, por tanto, ganan todos. Pero en otra de esas victorias pírricas que hacen dudar de la virtualidad del triunfo: la de Vox porque, sorprendentemente, tiene a su derecha a alguien aún más cafre que le roba apoyos, por mucha manifestación que monte en la puerta de un consulado marroquí, y porque el órdago constante al PP parece difícil de mantenerse sin alimentar la percepción de sus votantes de que no gobernar sirva para algo; y la de Adelante Andalucía y Por Andalucía porque de nada vale, salvo para figurar con un número inútil, esa extraña evolución de la izquierda rupturista: tan internacionalista en su origen pero tan plurinacional y agarrada al terruño en su evolución, que han terminado pareciéndose más a los señoritos de latifundio que toda esa derecha de cortijo a la que en Andalucía, precisamente, dicen combatir.
"Eso de la competencia electoral es cuento porque, pase lo que pase, nadie asume responsabilidades por los objetivos no alcanzados"
Si todos ganan y todos pierden, y viceversa, será que eso de la competencia electoral es cuento porque, pase lo que pase, nadie asume responsabilidades por los objetivos no alcanzados si realmente todos están encantados con los números que los votantes, en este caso los andaluces, les han dado. O será, quizá, y volviendo a Vargas Llosa, eso de que lo que pasa es que votamos mal. Es más: ni siquiera por una elevada abstención podemos explicar lo sucedido, porque no en vano han votado casi dos de cada tres andaluces en esta ocasión, algo que no sucedía desde las autonómicas desde 2008.
Será, posiblemente, que el problema está en la oferta electoral: en quienes se presentan a unas elecciones y que, dado el nivel, nos obligan a votar con la nariz tapada o directamente a no votar. Porque esa es la gran mayoría muy probablemente de este país, la de quienes terminan votando a uno para que no llegue el otro, la de quienes votan contra alguien y no por alguien. Porque todo indica que es lo que ha pasado en Andalucía en estas autonómicas del 17M, diseñadas para conseguir un gobierno de uno y nadie más pero en el que ese uno va a terminar teniendo que tragarse algún que otro sapo de aquellos a los que quería evitar. Y del mismo modo, otros que buscaban ser alternativa se han quedado a medio camino con su candidata varada, pese a ser la mujer que más poder acumuló en la historia de España para no haber podido ni engatusar a los suyos, justamente sobre los que ha ejercido ese fantástico poder.
Será que no sabemos votar. O será, vaya usted a saber, que no nos dan opciones para votar mínimamente bien.