Otra de espías en la Escuela Catalana

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia o IA

En Cataluña se acaba de estrenar la última de espías. Una trama que se rueda con presupuesto público y con un reparto de lujo: Govern, Mossos y comunidad docente. Con un pequeño cambio de escenario, porque ahora se ha pasado de los patios y recreos a la asamblea en las salas de profesores. Se viene saga, y promete estar interesante la cosa.

La primera de las entregas de este prometedor culebrón se dio hace pocos años, con la denuncia de que la entidad Plataforma per la Llengua había estado espiando a los alumnos en los patios de los centros para observar qué lengua utilizaban en sus recreos escolares. Algo que la Conselleria competente consentía mirando hacia otro lado cuando no, incluso, asumiendo el fisgoneo como parte de su política educativa.

Ese primer capítulo podría haberse titulado “Els nens que xiuxiujaven en espanyol” para contarnos las vicisitudes de una célula españolizante de pantalón corto y sus intríngulis clandestinos en la lengua de Cervantes entre el tobogán y la portería de fútbol mientras huían de la inquisitiva vigilancia de voluntarios defensores de la uniformidad lingüística infantil.

Ahora la historia ha subido el nivel, superando lo de controlar recreos: la segunda parte nos trae una de infiltración de agentes de los Mossos en, nada menos, reuniones de profesores donde se habla de ratios en las aulas, condiciones salariales y huelgas reivindicativas. Todo ello en el marco de los impenetrables claustros de docentes, entre exámenes y café, tóner de la fotocopiadora y quitagrapas. Una auténtica amenaza para occidente bajo el posible título de “Els Mossos contra el Professor No”.

Fuera de pantalla, tanto la Generalitat como los propios Mossos admiten ahora que aquello fue “irregular” y han ordenado una investigación interna. Y esto no deja de tener su aquel, como si fuera que el jefe de los espías, de repente, se diera cuenta que eso de meter infiltrados en una reunión de maestros, pues como que parece un pelín sacado de cuello cuando lo pones a nivel, casi, de una operación antiterrorista para preservar la normalidad democrática del mundo libre.

Pero lo fascinante, metidos de nuevo en esa ficción que al final no lo es tanto, es la continuidad argumental de la historia: cambian los gobiernos, cambia su color político, cambian las caras al frente de la Conselleria, y hasta cambian los discursos en campaña electoral. Pero permanece una idea arraigada y una convicción profunda: el sistema educativo catalán debe ser observado y controlado constantemente. Y si no es mediante asociaciones privadas preocupadas por la pureza lingüística del patio, pues que sea mediante policías infiltrados pendientes de las conversaciones del profesorado. 

Cataluña ha logrado así convertir su ámbito educativo en una especie de internado opresor que pretende ser un laboratorio sociológico en una especie de precuela de una novela de John le Carré. Y todo ello con una naturalidad admirable: nadie parece pararse un momento a reflexionar qué entornos educativos queremos para nuestros hijos y para quienes tienen la misión de educarlos, y menos aún, si realmente no es algo extraño vigilar las escuelas como si fueran cavernas de conspiraciones terribles. Porque en cualquier otro contexto, infiltrar agentes de policía a fisgar en reuniones laborales generaría un escándalo monumental, pero en este caso y aquí, en cambio, se tramita todo rutinaria y administrativamente con un simple expediente para averiguar qué ha pasado. Como si no lo adivináramos ya…

Estas películas de espías en Cataluña y la propia acritud del ámbito educativo y, por qué no decirlo, de su sociedad adormecida, nos demuestran que ya no es cosa de ideologías, sino que parece haber un consenso político, asumido con naturalidad y que sobrevive a todo cambio de Govern, por el que alumnos y educadores, por una cosa o por otra, deben estar sometidos a estricta vigilancia. Y no porque unos no hagan los deberes o los otros no cumplan objetivos, sino porque, parece ser, son la nueva Spectra.

Ya podrán imaginarse de qué irá la tercera: pinchazos y pantallazos de los wassaps de los grupos de padres y madres para estar totalmente al tanto de cualquier conversación sospechosa sobre fechas de excursiones a Montserrat, bocatas de fuet, o de si la profa de Coneiximent pone demasiados deberes para el finde.

Esta que está por venir bien podría titularse “Missatge impossible”.

Próximamente en sus pantallas…