Sánchez desoye a sus críticos y convierte el Comité Federal del PSOE en el país de las maravillas

Pedro Sánchez, en su intervención en el Comité Federal del PSOE - Foto de PSOE - Eva Ercolanese

Pedro Sánchez ha optado por seguir adelante. Ni las condenas judiciales que afectan a antiguos dirigentes de su partido, ni las investigaciones que rodean a miembros de su entorno político y familiar, ni las voces críticas surgidas desde dentro del propio PSOE han modificado un ápice la estrategia del presidente del Gobierno. El Comité Federal celebrado este sábado en Ferraz ha servido para escenificar precisamente eso: un cierre de filas casi absoluto en torno a Sánchez y el pistoletazo de salida de la campaña electoral que culminará en las elecciones generales de 2027.

Durante su intervención, el secretario general socialista volvió a presentar al PSOE como la única alternativa frente a la derecha y la "ultraderecha", reivindicó la gestión de su Gobierno y dibujó una ambiciosa "España de 2030", con nuevos avances sociales, educativos y energéticos. Apenas hubo autocrítica sobre los numerosos casos de corrupción que golpean al partido. Al contrario, Sánchez insistió en denunciar lo que considera una campaña de persecución política, mediática y judicial contra él, su familia y dirigentes próximos como el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

El mensaje caló entre la inmensa mayoría de los dirigentes territoriales. Salvo contadas excepciones, el Comité Federal se convirtió en una imagen de unidad. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, volvió a reclamar un adelanto electoral y reclamó mayor contundencia frente a la corrupción, llegando a calificar el momento actual como uno de los más delicados de la historia reciente del PSOE. También la alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés, pidió una mayor reflexión interna. Sin embargo, ambos quedaron prácticamente aislados frente al respaldo mayoritario que recibió Sánchez por parte de los barones autonómicos, entre ellos el presidente de la Generalitat, Salvador Illa.

El presidente respondió con dureza a quienes plantean unas elecciones anticipadas. Lejos de contemplar esa posibilidad, dejó claro que agotará la legislatura y lanzó un mensaje directo a quienes esperan un cambio de rumbo: "Abandonad toda esperanza". Una frase que resume la estrategia del líder socialista: resistir, mantener la cohesión interna y afrontar el ciclo electoral convencido de que todavía puede revalidar la confianza de los ciudadanos.

Más allá de los discursos oficiales, el Comité Federal deja una fotografía política difícil de ignorar. El PSOE ha decidido aparcar el debate interno sobre la corrupción para concentrar todos sus esfuerzos en la preparación de las elecciones municipales, autonómicas y generales previstas para 2027. La prioridad ya no parece ser explicar lo sucedido con los casos Ábalos, Koldo o las investigaciones que afectan al entorno del presidente, sino movilizar a la organización bajo el argumento de que existe una ofensiva política y judicial contra el Gobierno.

Esa estrategia puede fortalecer la disciplina interna del partido, pero también abre un interrogante político. Mientras buena parte de la opinión pública sigue pendiente de las investigaciones judiciales y de las responsabilidades derivadas de los casos de corrupción, la dirección socialista transmite la sensación de que el debate ya está superado y que el verdadero objetivo pasa por ganar las próximas elecciones.

Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar que no tiene intención de modificar su hoja de ruta. Frente a quienes dentro y fuera del PSOE consideran que el partido atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente, el presidente mantiene intacta su confianza en que los ciudadanos terminarán respaldando su proyecto. En definitiva, mientras sus críticos ven un partido inmerso en una grave tormenta política y judicial, Sánchez continúa gobernando como si el país siguiera instalado en el mejor de los escenarios posibles. Dos formas completamente distintas de interpretar una misma realidad.