Yolanda Díaz dice que no se presenta a las elecciones de 2027… cuando ya nadie la quería
Hay retiradas que suenan a gesto de altura política. Y hay otras que parecen más bien un movimiento preventivo para evitar el parte de defunción en las urnas. El anuncio publicado en prensa, asegurando que Yolanda Díaz no se presentará a las elecciones generales de 2027, pertenece claramente a la segunda categoría. No es que haya decidido irse en la cima. Es que el ciclo político ya había terminado.
De fenómeno mediático a irrelevancia electoral
Hubo un momento en que Yolanda Díaz parecía la gran esperanza blanca (o roja) del espacio a la izquierda del PSOE. Tras la caída en desgracia de Pablo Iglesias, su perfil dialogante, su imagen moderada y su tono institucional vendían una nueva izquierda amable, técnica y transversal.
Pero aquello duró lo que duran las modas políticas sin estructura sólida detrás. El proyecto Sumar nació con grandes titulares, pero sin un verdadero arraigo territorial ni liderazgo orgánico. Y lo que empezó como una plataforma transversal acabó convertido en una suma de siglas en permanente fricción interna.
El resultado: desinflamiento progresivo, pérdida de centralidad y una constante sensación de provisionalidad.
El desgaste silencioso
El problema de Yolanda Díaz no fue un gran escándalo. Fue algo más corrosivo: la irrelevancia creciente. En el Gobierno, su perfil quedó diluido entre el protagonismo absoluto de Pedro Sánchez y la agenda identitaria de sus socios. En el Congreso, su espacio perdió voz propia. En las encuestas, el proyecto comenzó a adelgazar elección tras elección.
No hay peor síntoma en política que dejar de ser decisivo. Y cuando un líder deja de ser necesario, el sistema lo expulsa con naturalidad quirúrgica.
Un anuncio que llega tarde
Decir en 2026 que no se optará a las elecciones de 2027 no es un acto de generosidad política. Es una forma elegante de admitir que el ciclo se ha cerrado. Porque la pregunta incómoda no es por qué no se presenta. La pregunta es si alguien estaba esperando que lo hiciera.
El espacio de Sumar lleva tiempo buscando relevo, recomposición o simple supervivencia. La marca ha perdido tracción. Las bases están desmovilizadas. Los aliados territoriales han tomado distancia. Y el PSOE ha fagocitado buena parte de su electorado útil. En ese contexto, el anuncio suena más a retirada estratégica que a decisión voluntaria.
Se construyó una expectativa enorme sobre una figura que, en realidad, nunca terminó de consolidar un partido. Y cuando la expectativa es mayor que la realidad, el descenso es inevitable. Y el partido no solo pierde votos si no, incluso, sus siglas y el porqué de su existencia. ¿Les suena la música y la letra a los de ERC y Cía.?