Europa podría quedarse sin un millón de sanitarios en 2070
Europa cuenta hoy con uno de los sistemas sanitarios más desarrollados del mundo y dispone de la mayor densidad de médicos y enfermeros por habitante del planeta. Sin embargo, ese liderazgo podría verse seriamente comprometido durante las próximas décadas. La Oficina Estadística de la Unión Europea, Eurostat, advierte de que el continente podría afrontar en el año 2070 una escasez cercana al millón de trabajadores sanitarios, una situación que pondría bajo una enorme presión a los sistemas públicos de salud si no se adoptan medidas estructurales a tiempo.
El principal motivo de esta previsión es doble. Por un lado, Europa envejece a un ritmo acelerado y cada vez habrá más personas mayores que requerirán atención médica continuada y cuidados de larga duración. Por otro, los propios profesionales sanitarios también envejecen. En varios países europeos, una parte muy significativa de los médicos supera ya los 55 años y se aproxima a la jubilación, mientras el relevo generacional no avanza al mismo ritmo. A ello se suma un fenómeno cada vez más evidente: muchos jóvenes optan por carreras vinculadas a la tecnología, la ingeniería o la inteligencia artificial, relegando profesiones tradicionales como la medicina o, especialmente, la enfermería.
Los datos actuales reflejan la dimensión del reto. En 2023, la Unión Europea contaba con 1,98 millones de médicos en ejercicio. Alemania concentraba casi una quinta parte del total, con más de 388.000 facultativos, seguida de Italia, Francia y España. Entre los cuatro países reúnen cerca del 60 % de todos los médicos de la Unión Europea, una circunstancia que evidencia el peso de los grandes sistemas sanitarios europeos, pero también la desigual distribución territorial de los profesionales. España, con más de 212.000 médicos en activo, figura entre los países con mayor capacidad asistencial, aunque también afronta problemas crecientes para cubrir determinadas especialidades y plazas en zonas rurales o de difícil cobertura.
La preocupación no es nueva. El Parlamento Europeo ya alertó hace apenas unas semanas de que la falta de personal sanitario constituye uno de los mayores riesgos para la sostenibilidad de los sistemas de salud europeos y reclamó una estrategia común para atraer talento, mejorar las condiciones laborales y reforzar la formación de nuevos profesionales. Entre las medidas planteadas figuran el incremento de las plantillas, mejores salarios, mayor estabilidad laboral, apoyo psicológico a los sanitarios, becas financiadas con fondos europeos y un mayor uso de herramientas como la telemedicina o la inteligencia artificial para aliviar la carga asistencial, especialmente en las zonas rurales.
Los expertos coinciden en que el problema no se resolverá únicamente formando a más médicos y enfermeros. También será necesario mejorar la capacidad de retener a los profesionales, reducir el desgaste laboral, facilitar la conciliación y hacer más atractivas unas profesiones que, tras la pandemia de la COVID-19, evidenciaron su enorme importancia social, pero que siguen soportando elevados niveles de presión y sobrecarga.
La advertencia de Eurostat constituye, en definitiva, un aviso para toda Europa. Si no se planifica desde ahora el relevo generacional y no se adoptan políticas capaces de atraer y fidelizar talento sanitario, el continente corre el riesgo de encontrarse, dentro de apenas unas décadas, con una demanda asistencial creciente y con un número insuficiente de profesionales para atenderla. Un desafío silencioso que, lejos de ser un problema del futuro, comienza a manifestarse ya en numerosos hospitales y centros de salud europeos.