El Fondo Soberano: ¿El último desatino de Sánchez?

No soy muy amigo de aconsejar a la gente dónde meter su dinero, aunque llevo en estos tinglados más de cuarenta años. Primero profesionalmente y después de forma privada. Lo que sí siempre he dicho a los amigos que me preguntan es que el dinero que se quiera meter en los mercados no debe comprometer ninguna estabilidad financiera. Es decir, la prudencia aconseja que se invierta en los mercados "lo que sobre para pipas".

La hucha del Fondo Soberano de Sánchez
photo_camera La hucha del Fondo Soberano de Sánchez

La idea de crear un Fondo Soberano Español, tal como acaba de anunciar estos días Pedro Sánchez, no parece en principio una mala iniciativa. Al fin y al cabo, son 10.500 millones de euros, "pipas" comparado con el mismo instrumento noruego, conocido como “Fondo de Pensiones del Gobierno Global de Noruega, que acumula 1,7 billones de euros. Sin embargo, hay que señalar que estos fondos sirven al objeto de invertir el superávit fiscal de los Estados, y de eso, como ya sabemos bien, en España cero pelotero: en nuestro caso se va a invertir lo que "sobra de los Next Generation", según el anuncio del Gobierno. Y desgraciadamente todos sabemos que a nosotros no nos sobra nada, excepto políticos corruptos, mentirosos y necios.

Los fondos Next Generation, como sabemos, se crearon como medida para mitigar los efectos económicos y sociales de la pandemia causada por el COVID 19, a fin de inyectar recursos en reformas efectivas que impulsaran la transición ecológica y digital, la cohesión social y territorial y la igualdad de género, todo ello a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR). Es decir, para para impulsar en un momento crítico y de incertidumbre la modernización de las economías de la UE. No se me acusará de atrevido si digo que nuestra economía es el escenario perfecto para recibir ayudas de este tipo, porque a nadie se le escapa que a España le venía muy bien recibir esos fondos para ayudarnos a modernizar nuestra realidad económica y social.

Sobre esa realidad económica me van a permitir que me extienda otro día, pero de la realidad social, por ser una lacerante realidad, sí me gustaría hacer referencia, sin ninguna pretensión de ser exhaustivo, a dos urgentes problemas: el Índice de Pobreza Infantil (IPI) y la vivienda.

El IPI español es de los más altos de la UE (según el informe de Unicef para 2025, algo más de un 29% de niños, niñas y adolescentes en España está en situación de pobreza monetaria relativa, con hogares donde se ingresa menos del 60% de la media de ingresos, tasa que se eleva a más del 34% en la categoría más amplia de tasa de pobreza o exclusión social, con hogares con carencias materiales declaradas o con baja intensidad en el empleo), afectando a uno de cada tres niños, es decir, es decir, a aproximadamente 2,7 millones de ese segmento poblacional. Esta realidad es absolutamente inaceptable e inasumible para un país que se precie de situarse entre los del primer mundo si no es capaz de activar recursos para dar soluciones efectivas a un problema que compromete de un modo tan dramático nuestro futuro.

¿Y qué decir de la vivienda? Problema sangrante, ya el que más preocupa actualmente a los españoles según el último Eurobarómetro de diciembre de 2025, con un incremento de diez puntos en el nivel de percepción ciudadana en los últimos seis meses. Un problema al que nadie parece saber o poder darle seriamente una solución, con unos datos que nos hablan de un déficit de entre 600.000 y 700.000 viviendas. Sin embargo, esta realidad tampoco cuenta para nuestros gobernantes, más ocupados en intentar convencernos del cohete en el que nuestra economía va navegando, pese a que la verdad de los van desmontando poco a poco esta visualización del famoso cohete, del que hablaremos otro día.

¿Qué hablar de la cohesión territorial? Todos estamos felices con este desarrollo en España, donde la solidaridad y la cohesión territorial es un ejemplo para toda la UE, que nos mira con envidia por la férrea solidaridad de algunas de nuestras comunidades… Una UE que hizo, en años pasados, de la solidaridad entre norte y sur una realidad de la que precisamente nosotros nos beneficiamos a lo largo de muchos años de nuestro no lejano pasado. Sin embargo, en la España actual esa cohesión y solidaridad entre nuestros propios territorios sólo responde a intereses partidistas y de poder.

¿Qué hablar nuestra deuda, de esos 1,70 billones -casualmente, lo mismo que ese Fondo Noruego del que hablábamos- que nunca vamos a poder pagar? Porque nunca podremos pagar si seguimos instalados en una mentalidad complaciente y hasta favorable con el déficit público, una dinámica que desde Cree, nuestro partido, proponemos liquidar con nuestra propuesta de implementar el Presupuesto de Base Cero, y con ello, una nueva perspectiva reformadora de las cuentas públicas y del modo de presupuestarlas y de ejecutarlas.

¿Y esos 40.000 millones de euros adicionales que habrán de emitirse anualmente según han calculado los expertos para financiar el nuevo modelo pactado entre Gobierno y nacionalistas catalanes? ¿De verdad alguien cree que se sacará una mayor rentabilidad con la inversión del Fondo anunciado que el tipo al que estamos pagando los intereses de nuestra deuda? Quien haga futuribles con la rentabilidad de los mercados en estas condiciones es simplemente un temerario. Los mercados son, por naturaleza, impredecibles. De lo contrario todos seríamos millonarios si fuésemos capaces de adivinar el futuro en temas económicos.

En suma, hay mucho que hacer con 10.500 millones en diferentes sectores de nuestra economía, mucho en lo que fomentar ser realmente productivos. Que esos recursos se comprometan en los mercados siempre inciertos, cuando son necesarios para nuestra economía precisamente en aquellos objetivos para los que se constituyeron parece una locura. Una locura de resultados con un riesgo enorme de que la cosa vaya a salir mal cuando podríamos precisamente destinar ese dinero a paliar esos grandes -y parece que olvidados- desequilibrios que padecemos, algunos de ellos con pertinaz insistencia.

Y por eso, como les dije al principio, no siendo amigo de dar consejos sobre dónde meter el dinero, creo que en esto sí procede opinar sobre dónde no hacerlo. No al menos en las condiciones en que nos encontramos. Aunque todo indica que habrá que esperar y ver hasta dónde nos lleva la última idea de estos iluminados.