La Generalitat se frota las manos con los impuestos: recauda 6.338 millones, un 12% más, en solo seis meses
Las arcas de la Generalitat están de enhorabuena. Catalunya ha recaudado 6.338 millones de euros a través de sus tributos durante los seis primeros meses de 2026, nada menos que 665 millones más que en el mismo periodo del año pasado. Un incremento cercano al 12% que tiene tres grandes protagonistas: las herencias, la vivienda y el nuevo impuesto sobre intereses y comisiones bancarias.
El dato que más llama la atención es el del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Entre enero y junio ha proporcionado 692 millones de euros a la Generalitat, un 32,1% más que un año antes. Son 168 millones adicionales en apenas seis meses. Y junio fue especialmente rentable para la Administración catalana: 126 millones recaudados en un solo mes, un 66% más que en junio de 2025.
La explicación oficial apunta, entre otros factores, hacia la subida del valor de los patrimonios. La buena evolución de los mercados financieros y, sobre todo, el espectacular encarecimiento de la vivienda hacen que los bienes heredados tengan mayor valoración y que determinadas herencias terminen generando mayores cuotas tributarias. La propia normativa catalana contempla reducciones y bonificaciones en función del parentesco, patrimonio y bienes heredados, por lo que no todas las herencias soportan la misma factura.
Pero la gran máquina recaudatoria continúa siendo la vivienda. El Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales (ITP), que afecta especialmente a la compraventa de vivienda usada, ha dejado 1.314 millones de euros durante el primer semestre, un 9,4% más que el año anterior. Otros 849 millones proceden de Actos Jurídicos Documentados (AJD), cuya recaudación se ha disparado un 17,6%.
Solo sumando Sucesiones, Transmisiones Patrimoniales y AJD, la Generalitat ha ingresado 2.855 millones de euros en seis meses. Dicho de otra manera: mientras acceder a una vivienda resulta cada vez más difícil para buena parte de los catalanes y los precios siguen creciendo, ese mismo encarecimiento está proporcionando centenares de millones adicionales a las administraciones públicas.
Además, desde junio de 2025 Catalunya aplica una fiscalidad inmobiliaria todavía más dura en determinadas operaciones. La Generalitat introdujo, entre otras medidas, un tipo del 20% en transmisiones de viviendas cuando el comprador tiene la consideración de gran tenedor o en determinadas transmisiones de edificios completos de viviendas. La Agencia Tributaria de Catalunya ha vuelto a desarrollar en 2026 los criterios para aplicar esta tributación.
A todo ello se suma una nueva fuente de ingresos. El impuesto sobre intereses y comisiones de las entidades financieras ha proporcionado ya 290 millones de euros, cuando la previsión para todo 2026 era recaudar 366 millones. Es decir, en medio año la Generalitat ya ha conseguido alrededor del 79% de lo presupuestado para todo el ejercicio.
Pero el resultado final admite poca discusión: la Generalitat está haciendo caja como nunca gracias al dinamismo de unos impuestos estrechamente vinculados al patrimonio y, muy especialmente, a la vivienda. Mientras para el ciudadano comprar una casa o recibir una herencia puede convertirse en un importante desembolso fiscal, para la Administración catalana el aumento del valor de esos mismos bienes se traduce en más ingresos.
La pregunta, después de conocer que en solo seis meses han entrado 665 millones de euros más que hace un año, es inevitable: si los catalanes aportan cada vez más a las arcas públicas, ¿están mejorando en la misma proporción los servicios que reciben a cambio? Ahí es donde el récord recaudatorio deja de ser únicamente una buena noticia para la Generalitat y empieza a convertirse en una cuestión que merece explicaciones ante los contribuyentes.