¿Será capaz ERC de votar en contra de un buen presupuesto para Catalunya?
La pregunta no es menor. Tampoco es retórica. Es estratégica.
El Govern de Salvador Illa ha presentado unos presupuestos expansivos, con cifras récord en inversión, refuerzo en sanidad y educación, y una apuesta clara por vivienda e infraestructuras. Se podrá discutir el modelo. Se podrá debatir la orientación ideológica. Pero objetivamente no son unos presupuestos de recortes ni de parálisis. Son unas cuentas de crecimiento.
Y aquí aparece el dilema de Esquerra Republicana de Catalunya. ERC condiciona su apoyo a la cesión del IRPF, al modelo de financiación, al cumplimiento de acuerdos previos. Es legítimo. La política va de negociar poder y competencias. Pero la pregunta incómoda es otra:
¿Puede ERC permitirse votar en contra de unas cuentas que incrementan recursos para hospitales, escuelas y vivienda en Catalunya?
Porque votar “no” no sería un gesto técnico. Sería un gesto político de alto voltaje. Si ERC tumba los presupuestos:
- Debilita al Govern, sí.
- Presiona al PSC, también.
- Pero asume el riesgo de aparecer como el partido que bloquea inversión social.
Y eso, en el clima actual, no es neutro. ERC está atrapada entre dos pulsiones:
- Su ADN de partido de gobierno responsable.
- Su necesidad de marcar perfil propio frente al PSC y frenar la sangría hacia el independentismo más duro.
El problema es que el votante medio no lee el BOE del IRPF. Lo que entiende es si habrá más médicos, más maestros o más vivienda pública. Y si ERC vota en contra, el relato será simple: “rechazaron más dinero para Catalunya”. ¿Puede ERC explicarlo? Sí. ¿Será fácil? No.
Porque si el presupuesto es objetivamente sólido en gasto social, el “no” no se interpretará como una estrategia financiera, sino como una batalla política. Aquí está el cálculo frío:
- Si ERC apoya, Illa se consolida.
- Si ERC rechaza, puede tensionar el tablero… pero también puede salir retratada.
Y en política catalana, donde el electorado está cansado de bloqueos y tacticismos, esa factura puede ser cara. Y más si Illa convoca elecciones anticipadas que sólo benefician a Aliança Catalana de Silvia Orriols y a las llamadas “derechas”: PP y Vox y castiga al independentismo tradicional que representa (¡oh, sorpresa) la Esquerra de Junqueras, el Junts de Puigdemont y la CUP de no se sabe quién.
La cuestión de fondo no es si el IRPF es importante. Lo es. La cuestión es si ERC está dispuesta a asumir el coste de tumbar unas cuentas expansivas por una negociación que, además, depende en gran parte de Madrid. Porque votar en contra no sería solo un “no” a Illa. Sería un “no” a unas partidas concretas que la propia ERC ha defendido históricamente.
Y ahí está el dilema real. La política no va de gestos épicos. Va de asumir consecuencias. ¿Será capaz ERC de votar en contra? Capaz, lo es. ¿Le conviene? Esa es la verdadera pregunta.