Condenan a un entrenador del Llerona (Les Franqueses) por pedir fotos desnudas a jugadoras menores
El caso que durante años se movió en silencio en el fútbol base del Vallès ha acabado en los tribunales con una conclusión incómoda: sí ocurrió. Un exentrenador de un equipo femenino del Llerona (Les Franqueses) ha sido condenado por delitos sexuales tras pedir fotografías íntimas a varias de sus jugadoras, menores de edad en el momento de los hechos.
Los hechos se sitúan entre 2018 y 2020. El técnico del Llerona, aprovechando su posición de autoridad y cercanía con el grupo, contactó con al menos tres futbolistas —de unos 14 años— a través de redes sociales para solicitarles imágenes de carácter sexual. No fue un episodio aislado ni ambiguo: la sentencia recoge hasta cuatro delitos sexuales, lo que evidencia una conducta reiterada.
El proceso judicial ha terminado con un acuerdo entre la Fiscalía y la defensa, en la Audiencia de Barcelona. La petición inicial —que podía alcanzar los 20 años de prisión— se ha reducido a dos años y dos meses de cárcel, una pena que finalmente no cumplirá. El motivo: no tiene antecedentes, ha abonado parte de la indemnización y sigue tratamiento psicológico desde hace años.
La condena incluye, además, cuatro años de inhabilitación para trabajar con menores, el pago de indemnizaciones a las víctimas (más de 10.000 euros en total) y la obligación de someterse a un programa para delincuentes sexuales, aunque este último podría quedar sin efecto si acredita evolución terapéutica favorable.
Durante la vista en la Audiencia de Barcelona, el acusado reconoció los hechos, mostró arrepentimiento y pidió perdón. Ese reconocimiento, junto a las atenuantes de reparación del daño y las dilaciones del proceso —que estuvo años paralizado— han sido clave para rebajar la pena.
Pero más allá de la sentencia, el caso deja una fotografía incómoda del deporte base: la facilidad con la que se puede traspasar la frontera entre entrenador y menor cuando la relación se traslada al ámbito privado de las redes sociales. Sin control, sin supervisión y con una asimetría total de poder.
Y, tras esa incómoda fotografía, queda la otra: este tipo de conductas no pueden quedar ocultas. Al contrario, deben explicarse abiertamente por parte de los clubes afectados para que no vuelvan a suceder y sirvan de ejemplo para otras chicas.