Escucha selectiva

Es curioso oír los comentarios de nuestros políticos valorando el histórico discurso del Papa León XIV ante la Asamblea Nacional en sesión conjunta (Congreso y Senado). Más si cabe después de los larguísimos siete minutos que duró la ovación posterior que le ofrecieron todos los diputados y senadores puestos en pie. Todos, sin excepción. Desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda.

El Papa León XIV pronunciando su discurso ante el Congreso
photo_camera El Papa León XIV pronunciando su discurso ante el Congreso

Yo entiendo que cuando alguien aplaude con tanta euforia es porque lo que has visto u oído te ha impresionado o te ha dejado huella. Ojalá fuera así, porque el discurso del pontífice fue duro, impactante y denota que es un gran estadista y un carismático líder moral. Pero para que nuestros políticos apliquen sus palabras... hará falta algo más que un convincente discurso.

Las declaraciones posteriores

Y todo se desmorona cuando escuchas las declaraciones posteriores de unos y otros. Parece que su escucha ha sido selectiva. Cada uno arrima al ascua su propia sardina. Capitaliza lo que le gustó del discurso y obvia lo que le chirria.

Por ejemplo, en declaración posterior a la sesión, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes de España, Félix Bolaños, insinuó que el Papa había venido a refrendar las políticas del Gobierno de España. Su frase exacta fue: «El discurso del papa es absolutamente concordante y coherente con la posición del Gobierno de España». Y se quedó tan ancho sin mencionar, por supuesto, la defensa directa que hizo el pontífice de la vida y el ataque indirecto a las leyes del aborto y de la eutanasia que el mismo Gobierno ha aprobado, además de la crítica a la polarización que ellos mismos han fomentado.

Otros líderes políticos han manifestado el profundo sentido humanista del discurso, pero parece que solamente han escuchado la parte que les satisface.

Feijoo dice: «subscribir sus palabras de la A a la Z». ¿Todo? ¿También el controvertido tema de la inmigración, el de la polarización política doméstica y mundial?

Pedro Sánchez se ha apresurado a declarar: «Compartimos el compromiso de defender el valor de las migraciones y los derechos de todas las personas. España seguirá apostando por el diálogo, el multilateralismo y el entendimiento entre los pueblos».

Por su parte, Abascal ha dicho que en el Vaticano se aplica una política migratoria muy clara: «Si uno entra ilegalmente o con violencia pues tiene multa, tiene cárcel y prohibición de entrada» y ha pedido una «igual» para España.

Lo de Sumar no tiene desperdicio. La portavoz de Sumar, Verónica Martínez Barbero, entregó al pontífice una carta del Sindicato de Inquilinos con las reivindicaciones del colectivo sobre la situación de la vivienda en España. Debemos recordar que Sumar forma parte del Gobierno que no acierta a solucionar el tema del que se queja. ¡Increíble!

Los nacionalistas y los que quedaron fuera

La portavoz del PNV en el Congreso, Maribel Vaquero ha apuntado como lo más destacado del discurso papal lo siguiente: «el  respeto a la diversidad de los pueblos». No podía buscar nada más favorable a su visión endogámica de la política. Y qué decir del oportunismo de Junts. Miriam Nogueras le pidió en inglés a León XIV que hablara en catalán en Barcelona: «Hablar el idioma de la tierra que te acoge es un maravilloso gesto de amor y respeto». Frase que no se aplica ella misma cuando habla en el Congreso de Madrid. Lo raro es que Bildu no dijera nada en ese saludo. Quizás porque el Papa no visita Euskadi...

Y lo de Podemos y BNG, que se negaron a asistir al acto, es de nota. De dar la nota, quiero decir.

Conclusión

Aquí todos hablan y pocos o ninguno escucharon con atención los tirones de oreja a unos y otros que lanzó el líder espiritual del catolicismo y Jefe de Estado del Vaticano.

El habló de dignidad humana y defensa de la vida, del rechazo a la guerra y al rearme, de la crisis migratoria, de la defensa de la familia y de la libertad de elección de los padres para la educación de los hijos, de la superación de la crispación política, de la libertad religiosa, de los peligros de la tecnología (IA) y de la necesidad de una vigilancia ética sobre su uso, especialmente en el plano militar.

En definitiva, no se conformó con "enjabonar" al poder político como podía ser de esperar, sino que marcó las líneas objetivas y prácticas de acción que cualquier persona con valores, católico o no, firmaría.

Quizás por ahí se entienda el largo aplauso que, posiblemente, fue consecuencia de sus palabras al remover las consciencias de nuestros senadores y congresistas.

Ahora bien, ¿será suficiente para redirigir el timón de nuestro país?

Me temo que no.

Més a La Opinión de Carles Viñallonga