Nuestra red ferroviaria ha sufrido, en pocos años, un increíble desgaste con un mínimo mantenimiento, no acorde con el exponencial incremento del tránsito producido como consecuencia de la liberación del mercado. La aparición en nuestra red de otras compañías competidoras con RENFE, ha multiplicado por cuatro el número de trenes que usan las mismas vías. Más trenes rodando combinado con un mínimo mantenimiento, trae la consecuencia lógica de un desgaste acelerado.
Ante esto, ningún responsable de ADIF o del Ministerio de Transportes se puede hacer el sueco, porque la correspondencia es meridianamente clara y accesible a cualquier mente.
Las advertencias y avisos de los profesionales maquinistas que han hecho llegar a las autoridades, y ahora a la prensa, han sido claros y contundentes.
Aparece también publicado en la prensa que durante tres años, en la cuenta oficial de información de ADIF, se ha venido alertando, de problemas, averías e incidencias en muchos tramos y especialmente en donde se ha producido el gravísimo accidente.
Nuestro ministro de Transportes, Oscar Puente, ignoró el deterioro de la Alta Velocidad y llamó «derecha paleta» a quienes alertaron del peligro, hace escasamente unos meses. En agosto del año pasado, Puente, presumió de que "España vive el mejor momento ferroviario de su historia" (sic).
Vale lo mismo para las carreteras. Hay que recordar que el mantenimiento de la AP7, también corresponde al Estado. Desde la gratuidad de la autopista, la circulación se ha aumentado exponencialmente. ¿Se han incrementado también y de igual forma, las revisiones y el mantenimiento? Me temo que no.
Cuando se alían la macabra mala suerte, las inclemencias del tiempo y la dejadez de nuestros gobernantes; la tormenta perfecta aparece y se cobra vidas.
Ahora solo nos queda dar el pésame y acompañar a las familias de los fallecidos y desear con todas las fuerzas, la pronta recuperación de los heridos. España está de luto.