Espectáculo sin recompensa para el BM Granollers

Pablo Urdangarín - foto Xavi Solanas.jpp

El derbi catalán volvió a teñirse de azulgrana en el Palau Blaugrana. El Barça se impuso con autoridad al BM Granollers por 42-31, en un partido vibrante, abierto y con muchos goles, en el que el conjunto vallesano ofreció fases de gran balonmano pero terminó marchándose de vacío ante la profundidad y la pegada del campeón. 

Desde el inicio se vio que el encuentro tendría ritmo. El Granollers salió sin complejos, fiel a su identidad ofensiva, tratando de correr y de encontrar espacios en la defensa azulgrana. Durante varios minutos el intercambio de golpes mantuvo vivo el derbi, con ataques rápidos y un balonmano dinámico que levantó al público del Palau.

Sin embargo, cuando el Barça acelera, pocos equipos en Europa pueden sostener el pulso. El equipo dirigido por Antonio Carlos Ortega fue ampliando la brecha gracias a su eficacia en el lanzamiento exterior, la velocidad en el contraataque y la profundidad de su banquillo. Cada pérdida o lanzamiento precipitado del Granollers se transformaba en un contraataque azulgrana, y el marcador comenzó a estirarse.

Aun así, el conjunto de Antonio Rama nunca dejó de competir. Con valentía en ataque y momentos de buen juego colectivo, el Granollers siguió buscando la portería rival y mantuvo su propuesta ofensiva pese al marcador. De ahí la sensación final: espectáculo hubo, y mucho, pero la recompensa se quedó en Barcelona.

El Barça terminó imponiendo su ley con el 42-31, un resultado que refleja la diferencia final pero que no borra la buena imagen ofensiva del Granollers durante muchos tramos del encuentro. El esfuerzo fue grande. Algunos jugadores estuvieron sencillamente inconmensurables, como Marcos Fis (9 goles), Pablo Urdangarín (5 goles), Gerard Domingo (4 goles) o el portero Pau Panitti durante la segunda mitad de partido. Pero los blaugranas, cuando tiran de fondo de armario y éste funciona, desarbolan cualquier resistencia.

Un derbi con memoria reciente

El duelo tenía además un trasfondo especial. Hace apenas un año, el Granollers protagonizó una de las mayores sorpresas del balonmano español reciente al derrotar al Barça en el Palau por 30-31, rompiendo una racha de siete años sin derrotas ligueras del conjunto azulgrana en casa. Hoy, los mismos 31 goles, no han sido suficientes.

Aquel triunfo histórico convirtió al equipo del Vallès en el inesperado verdugo de una fortaleza que parecía inexpugnable. Desde entonces, cada derbi tiene un aire distinto: el Barça juega con la memoria de aquella noche y el Granollers con la confianza de saber que ya fue capaz de hacerlo.

Orgullo vallesano

El marcador final deja claro quién domina la Liga, pero el Granollers volvió a demostrar por qué es uno de los rivales más incómodos para el gigante azulgrana. Con valentía, ritmo y personalidad, el equipo ofreció un partido atractivo, de los que dignifican el derbi catalán.

Esta vez no hubo milagro ni sorpresa. Pero sí balonmano del bueno. Y a veces, aunque el marcador diga lo contrario, también eso forma parte del espectáculo.