Claro que estamos hartos de la mala educación de nuestros políticos y políticas.
Claro que nos dan vergüenza ajena.
Claro que la imagen de la política es negativa, y claro que eso tiene responsables.
Claro que da pereza, y a veces hasta pudor, leer la prensa política.
Todo eso es cierto. Lo repetimos en cafés, en cenas, en pasillos, en redes, en voz baja y en voz alta. Lo sabemos. Lo sentimos. Lo compartimos.
Pero la pregunta incómoda es otra:
¿Y qué hacemos?
¿Qué hace la sociedad civil para cambiarlo?
¿Hacemos poco, suficiente, mucho… o simplemente lo justo para que nada cambie?
Porque indignarse es fácil.
Construir es otra cosa.
Y si de verdad queremos cambiar el clima político, la cultura institucional y la forma en que se toman decisiones, entonces toca hablar de ideas. Ideas concretas. Ideas que no se quedan en el lamento, sino que apuntan a soluciones reales.
Ideas que sí podrían cambiar las cosas
- Necesitamos un liderazgo valiente, capaz de decir lo que muchos piensan y pocos se atreven a verbalizar.
- Necesitamos recursos, porque sin presencia pública, sin comunicación y sin capacidad de llegar a la gente, las buenas intenciones no pasan de ser susurros.
- Necesitamos apostar por la política municipal, donde la vida ocurre de verdad y donde la ideología pesa menos que el bache de la calle o la escuela del barrio.
- Necesitamos ser exigentes, no solo cada cuatro años, sino cada día.
- Necesitamos dejar de votar en clave nacional cuando hablamos de pueblos y ciudades.
- Necesitamos votar gestión, no banderas.
- Necesitamos castigar la mentira, la incoherencia y la falta de respeto a la palabra dada.
- Necesitamos hablar en positivo, porque la política del miedo solo genera más miedo.
- Necesitamos acuerdos, no trincheras.
- Necesitamos más sonrisas y menos odio.
- Necesitamos pactos, diálogo, escucha.
- Necesitamos confiar, aunque cueste.
- Necesitamos romper los bloques, esos que se enquistan en las administraciones y paralizan cualquier avance.
- Necesitamos aplacar los egos, que son el principal enemigo de lo común.
- Necesitamos unir fuerzas, porque solos no llegamos lejos, pero juntos podemos mover montañas.
Todo esto suena bien. Suena sensato. Suena necesario.
Pero nada de esto ocurrirá si seguimos esperando a que “alguien” lo haga.
La sociedad civil no es un concepto abstracto.
La sociedad civil somos nosotros.
Con nuestras dudas, nuestras contradicciones, nuestras ganas y nuestros límites.
Y por eso la pregunta no es retórica.
Es una invitación.
Es un gesto.
Es un paso adelante.
¿Te unes?
¿Te sumas?
Porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién?