Opinión

España arde por dentro: no por el fuego, sino por la política

Hace un año levanté la voz sobre algo que en España siempre llega tarde: la gestión de los incendios. No era una denuncia técnica ni un análisis académico. Era una observación de ciudadano que mira el país con sentido común, no con siglas en los ojos. Y lo dije claro: el bipartidismo ha gestionado los incendios como gestiona casi todo lo que importa en este país: mal, tarde y con más cálculo político que responsabilidad pública.

Incendios en el Sur de Francia

Hablé de prevención. De lo obvio. De lo que cualquier persona que vive cerca de un bosque sabe sin necesidad de un comité de expertos: los incendios se combaten en invierno, no en agosto. Se combaten limpiando, gestionando, cuidando, preparando. Se combaten enseñando a la gente qué hacer, cómo actuar, cómo prevenir. Se combaten con educación, no con ruedas de prensa.

Y aquí es donde, curiosamente, un año después, Pedro Sánchez me dio la razón. No porque haya visto mi vídeo —dudo que entre sus doscientos asesores alguien se dedique a escuchar a la gente que habla desde la calle— sino porque la realidad acaba obligando a todos a reconocer lo evidente: en España no se enseña en las escuelas cómo actuar ante un incendio, cómo prevenirlo, cómo protegerse. Y eso es un fallo estructural, no ideológico.

Lo dije entonces y lo repito ahora: si enseñásemos a los niños lo que de verdad importa, tendríamos adultos preparados, no ciudadanos desinformados. Pero claro, para eso hace falta visión de país, no visión de partido.

La política española lleva años convertida en un ring. Un lugar donde el rival no es adversario, sino enemigo. Donde cada tragedia se utiliza para desgastar al otro. Donde un incendio devastador o una DANA se convierten en munición electoral. Y mientras tanto, los pueblos se queman, las familias pierden casas, los agricultores pierden cosechas y los bomberos se dejan la vida.

Lo más triste es que no hace falta ser un genio para verlo. Yo nunca fui “el más listo de la clase”. No hace falta un máster en Harvard ni un ejército de asesores. Hace falta algo que en política parece ciencia ficción: cordura, sentido de Estado y voluntad de ayudar sin mirar el color del que está enfrente.

Por eso, cuando escuché a Sánchez reconocer parte de lo que denuncié hace un año, sentí una mezcla rara de alivio y rabia. Alivio porque, al menos, alguien en la Moncloa parece haber despertado. Rabia porque seguimos tropezando en la misma piedra, seguimos improvisando, seguimos creyendo que la solución está en tener más gente viviendo de la política cuando lo que falta es gente viviendo para el país.

Y aquí está mi conclusión, sin maquillaje:

España no necesita más profesionales de la política.

España necesita políticos que recuperen la cordura, el sentido de Estado y la capacidad de hacer país juntos.

Porque cuando el fuego llega, cuando el agua arrasa, cuando la tierra tiembla, no hay izquierda ni derecha. Solo hay España. Y España merece algo mejor que esta guerra eterna