Opinión

España necesita urgentemente un partido de Centro Reformista

Parece evidente que el mapa político atraviesa un momento de desorientación colectiva. La izquierda se hunde elección tras elección, la derecha no consigue capitalizar ese desgaste y la ultraderecha avanza sin freno. En ese vacío, cada vez más ciudadanos optan por quedarse en casa, resignados ante un tablero que sienten ajeno y agotado. Esa combinación —desafección, polarización y ausencia de alternativas templadas— es el caldo de cultivo perfecto para que los extremos se fortalezcan mientras la mayoría social se queda sin voz.

Presentación ponencia política Cree en Madrid. Foto de Manuel Hernández e Ignacio Aguado en un momento de la charla.
photo_camera Presentación ponencia política Cree en Madrid. Foto de Manuel Hernández e Ignacio Aguado en un momento de la charla.

Las autonómicas de Extremadura y Aragón son un ejemplo claro de esta deriva. El retroceso de la izquierda no se traduce en un crecimiento equivalente del Partido Popular, y sin embargo la ultraderecha continúa escalando posiciones. El viejo bipartidismo, incapaz de renovarse y atrapado en sus inercias, ha contribuido a este escenario: décadas de promesas incumplidas, de luchas internas y de gobiernos más pendientes de su equilibrio interno que de las necesidades reales de la ciudadanía. Ese desgaste ha empujado a muchos votantes tradicionales a buscar refugio en opciones extremas, mientras otros simplemente han decidido desconectar.

El riesgo es evidente: repetir patrones que ya conocemos demasiado bien. Cuando la política se convierte en un combate permanente entre bandos, cuando el debate se reduce a etiquetas de colores y cuando la gestión queda relegada a un segundo plano, el país retrocede. No hacia el pasado idealizado que algunos prometen, sino hacia un tiempo oscuro donde la crispación era norma y la convivencia, un lujo.

Por eso vuelve a cobrar sentido la idea de un centro político fuerte, reformista y pragmático. No un centro tibio o ambiguo, sino uno capaz de ofrecer estabilidad, moderación y soluciones reales. Un espacio que no viva de la confrontación, sino del trabajo; que no aspire a ocupar sillones, sino a recuperar la confianza de quienes hoy se sienten huérfanos de representación. En ese contexto, proyectos nuevos como Cree pueden encontrar un terreno fértil: ideas claras, propuestas centradas en la economía, la estabilidad institucional y un futuro próspero para los españoles.

Quizá ha llegado el momento de dejar atrás las guerras de rojos y azules, ahora verdes, morados o rosas. De asumir que el país necesita menos épica partidista y más política útil. De volver a confiar en un centro reformista que ya demostró en su día que podía ser una alternativa real cuando la situación lo exigía. Y hoy, con una sociedad cansada y un clima político cada vez más enrarecido, la urgencia es evidente.