Opinión

Andalucía no es Extremadura: Vox haría bien en no tensar demasiado la cuerda

La política tiene una máxima que conviene no olvidar: no todas las comunidades autónomas responden igual ante una negociación de investidura. Quien crea que Andalucía reaccionará como Extremadura, probablemente esté cometiendo un error de cálculo de enormes dimensiones.

Juanma Moreno gana las elecciones en Andalucía, pero sin mayoría absoluta

Vox tiene todo el derecho del mundo a negociar, exigir compromisos e intentar hacer valer los votos que miles de andaluces le otorgaron en las urnas. Eso forma parte de la democracia. Lo que quizá no forme parte de una buena estrategia es convertir esa negociación en una demostración permanente de fuerza hasta el punto de poner en riesgo la gobernabilidad de Andalucía.

Porque existe una diferencia sustancial entre negociar y jugar al límite. Juanma Moreno no ha conseguido superar la primera votación de investidura y dispone ahora de apenas unas horas para intentar alcanzar un acuerdo. Es lógico que Vox quiera obtener garantías de que determinadas políticas cambiarán. Pero también debería preguntarse qué ocurriría si la negociación fracasa y Andalucía se ve abocada a una repetición electoral, aunque hayan dos meses por medio para poder seguir negociando a contrareloj.

La respuesta no está escrita. Y precisamente por eso resulta peligrosa. Existe la posibilidad de que los ciudadanos refuercen a Vox. Pero también existe la posibilidad —nada descartable— de que una parte importante del electorado andaluz interprete que quien ha impedido la formación de un gobierno ha sido precisamente el partido de Santiago Abascal. En ese escenario, muchos votantes moderados del centro-derecha podrían concentrar todavía más su apoyo en el Partido Popular para evitar volver a vivir meses de bloqueo político.

Andalucía ya ha demostrado en anteriores ocasiones que premia la estabilidad cuando considera que existe una alternativa clara. No es un territorio especialmente proclive a los experimentos prolongados ni a las negociaciones eternas.

Por eso conviene recordar que la política no consiste únicamente en medir fuerzas, sino también en interpretar correctamente el estado de ánimo de la sociedad.

Vox dispone hoy de una oportunidad extraordinaria para influir en el futuro gobierno andaluz, introducir parte de su programa y demostrar que sabe convertir votos en políticas reales. Si esa oportunidad se transforma únicamente en una batalla táctica para maximizar el coste del Partido Popular, corre el riesgo de que el resultado final sea exactamente el contrario al buscado.

Las repeticiones electorales son una ruleta. Quien cree controlar el resultado suele acabar descubriendo que los ciudadanos votan con criterios muy distintos a los cálculos de los partidos.

Extremadura ofrecía unas circunstancias políticas concretas. Andalucía presenta un escenario completamente diferente, con un liderazgo muy consolidado de Juanma Moreno y un electorado que ha demostrado valorar la estabilidad institucional por encima de muchas otras consideraciones.

Por eso, si alguien me pidiera un consejo político, sería muy sencillo: negociar con firmeza, sí; tensar la cuerda hasta romperla, no. Porque a veces el mayor error no consiste en ceder, sino en creer que siempre se puede ganar una partida volviendo a repartir las cartas.