Opinión

Cuando gobernar es apretar un botón… y fallas

Hay profesiones complejas en esta vida. Neurocirujano. Controlador aéreo. Árbitro del clásico. Y luego está el trabajo parlamentario de un jueves cualquiera: sentarse en el escaño, escuchar el murmullo de la bancada… y apretar un botón.

Pues ni eso.

Maria Jesús Montero
photo_camera Maria Jesús Montero

La vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, protagonizó esta semana uno de esos momentos que hacen las delicias del archivo audiovisual del Congreso de los Diputados: votación de ayudas a víctimas de accidentes ferroviarios, consenso casi unánime, 349 señorías diciendo “sí”… y un único “no” solitario brillando en la pantalla. Como una farola encendida a pleno sol.

El “no” era suyo.

No hablamos de una reforma tributaria de 400 páginas ni de una enmienda técnica sobre déficit estructural. No. Hablamos del gesto parlamentario más sencillo del mundo moderno: botón verde, botón rojo o botón amarillo. Una especie de mando a distancia institucional donde la única dificultad es no confundirse de color.

Pero ahí estuvo el instante mágico. El error humano. El “uy”. La sonrisa nerviosa. El “¿qué he hecho?”. Y España entera preguntándose cómo es posible que la número dos del Ejecutivo, responsable de los Presupuestos Generales del Estado y de cuadrar miles de millones, tropiece justo en el gesto más mecánico del día.

Lo mejor de todo es que no cambió nada. El decreto salió adelante con mayoría abrumadora. La aritmética parlamentaria sobrevivió al lapsus digital. Las ayudas llegarán. El país no se desmoronó. Pero la escena queda. Y en política, las escenas pesan.

Porque en el fondo este episodio resume una sensación extendida: gestionamos macroeconomía, geopolítica y reformas constitucionales… pero a veces parece que lo básico se nos escapa entre los dedos. Literalmente. Y no debemos olvidarnos que la susodicha vicepresidenta primera se va a presentar como líder socialista en Andalucía. ¡Qué miedo!