Desde VOX, su líder municipal, Gonzalo de Oro, ha atribuido directamente la actuación del consistorio a la presión ejercida por su formación tras “meses de abandono y degradación”. En un tono muy crítico, ha acusado al gobierno municipal de falta de contundencia y ha reclamado una estrategia firme para recuperar el espacio público y garantizar la seguridad.
En la misma línea, el presidente del PP en el Ayuntamiento, Daniel Sirera, ha celebrado el desalojo, aunque ha subrayado que llega tras “un año y medio de exigencias”. El dirigente popular ha pedido que no se permita la reaparición de asentamientos en la misma zona y ha instado al consistorio a actuar de forma global en toda la ciudad.
Sirera ha vinculado estos espacios con problemas de insalubridad y seguridad, alertando de la presencia de basura, plagas, tráfico de drogas e incluso incendios, lo que, a su juicio, supone un riesgo directo para los vecinos.
Pese a las diferencias de tono, ambas formaciones coinciden en reclamar una respuesta estructural que evite la cronificación de estos asentamientos. El foco político vuelve así a situarse sobre la gestión municipal de la seguridad y la convivencia en los barrios, en un contexto de creciente presión sobre el gobierno de Collboni.