Estrategia, pura estrategia

A Pedro Sánchez se le pueden atribuir muchos adjetivos dependiendo de nuestra filia o fobia política hacia él, pero lo que nadie podrá negarle nunca, es que es un estratega consumado.

Sanchez pasó de puntillas por Adamuz, junto a Marlasca, Puente y Montero. Foto Web Moncloa
photo_camera Sanchez pasó de puntillas por Adamuz, junto a Marlasca, Puente y Montero. Foto Web Moncloa

Trabajó incansablemente, primero en su partido, para hacerse con el poder. Prometió, cedió, rogó y obtuvo el apoyo de los representantes territoriales para ascender a la secretaria general del PSOE, cuando parecía que todo lo tenía perdido. Para afianzarse en el puesto se rodeó de personajes que ahora descubrimos como siniestros, pero que lo encumbraron y lo blindaron ante cualquier posible adversario.

Para llegar al Gobierno, lanzó proclamas contra la corrupción, prometiendo transparencia y pago de favores por los apoyos necesarios. Los "partidos de la investidura" comprendieron el mensaje y le dieron su apoyo que aún perdura.

Sin mayoría parlamentaria, sin poder aprobar muchas leyes, sin presupuestos, con casos de corrupción extremadamente cercanos, con casos graves de acoso sexual entre sus filas, con graves errores de protección a las mujeres maltratadas, con un apagón histórico, con incendios en todo el territorio nacional por falta de previsión, con una más que discutible acción de Gobierno frente a la Dana, con recortes para los cuerpos de seguridad a los que el Gobierno entrega tres balas a la semana para luchar contra las mafias, con unas estructuras ferroviarias inseguras que producen accidentes por falta de mantenimiento,... Pero Pedro Sánchez se aferra al poder como una garrapata.

Para cualquier problema que surja, la maquinaria del sanchismo siempre actúa igual y al unísono:

                1.- Negarlo todo. Hacerse el sueco. Desconocer a quien era su mano derecha y ahora está salpicado. Manifestar desconocimiento. O bien, desviar el foco mediático con otro tema que acapare titulares.

                2.-Tachar a cualquiera que pretenda desmentir el discurso y relato salido de la Moncloa como "neofascista" y a las informaciones, normalmente bien fundadas, como "bulos y fango"

                3.-Autoexculparse de toda responsabilidad aludiendo a situaciones anómalas, casualidades y otras razones inexplicables, aunque cada vez lo tienen más difícil porque ya no cuela eso de que ellos gestionan lo mal que le dejaron el país, después de estar gobernando ya durante más de siete años.

Lo curioso es que todos los ministros hablan igual, repiten las mismas palabras, calcan el discurso. Lo que me hace pensar que el Consejo de Ministros se ha convertido en una escuela de las antiguas donde se aprende repitiendo el mantra de memoria para luego salir a contarlo a los micrófonos.

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Sánchez-comparecencia-congreso. Foto web la Moncloa

En estos momentos, Sánchez está de nuevo usando sus dotes de estratega. Cuando sus "socios de investidura" empiezan a estar incómodos con todo lo que está pasando y, ante el riesgo de que le den la espalda, el presidente desempolva temas pendientes y se gana de nuevo su protección. Veamos.

Ha empezado con ERC a los que ha regalado una financiación singular para Cataluña. A cambio obtendrá su apoyo a los presupuestos del Estado.

Sigue con el PNV a los que cede la gestión de los aeropuertos. A cambio, el PNV mirará para otro lado y se comerá sus cargos de conciencia sobre el caos que se está viviendo en España.

Luego, ata a Podemos con el acuerdo "urgente" para regularizar 500.000 inmigrantes, que se salta la necesaria aprobación del Congreso y cediéndoles la medalla del logro. A cambio, Podemos se compromete a no poner obstáculos a las pretensiones de Junts para conseguir el control inmigratorio de Cataluña.

O sea, para reconstruir el apoyo parlamentario necesario para aguantar hasta el 2027, solo le queda acordar con Junts este punto sobre inmigración y que el Constitucional avale la Amnistía para todos, incluyendo a su gurú Puigdemont.

Con Sumar lo tiene fácil. A la vicepresidenta y a sus ministros les gusta demasiado su sillón como para romper con el PSOE. Tragan con lo que haga falta. Eso sí, de vez en cuando se "enojan" y dejan alguna que otra frase lapidaria que nunca llega a nada.

Falta saber qué cederá a Bildu. Puede ser preocupante.

Lo que el PSOE llama "sudar la camiseta negociando", es simplemente estrategia. Estrategia de ceder para mantenerse en el poder. Estrategia de ir destruyendo al Estado a cambio del apoyo de quienes justamente quieren derrocarlo.

Cuando todo esto pase y acabe, si es que acaba felizmente siendo un episodio olvidado de la historia, veremos que queda de España.

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