Desnaturalizando nuestra cultura

Por si no lo sabían ustedes o no lo recordaban, les comento que estamos en plena Cuaresma. Ese tiempo (desde el miércoles 18 de febrero al jueves 2 de abril) de recogimiento y autosacrificio que nos invita a emular los pasos de Jesús cuando se retiró cuarenta días al desierto para ayunar, rezar y meditar. Él, incluso siendo hijo de Dios a los ojos de los creyentes, fue tentado a satisfacer sus necesidades materiales usando hechizos mágicos y convirtiendo, por ejemplo, las piedras en pan. Así se lo pedía el diablo. Pero superó la tentación, proclamando así unos valores superiores a sus propias necesidades.

La sociedad española ha absorvido una serie de figuras y motivos que poco tienen que ver conn nuestra tradición
photo_camera La sociedad española ha absorvido una serie de figuras y motivos que poco tienen que ver conn nuestra tradición

Durante la Cuaresma, el creyente debería renunciar a los placeres terrenales del cuerpo para elevar su espíritu, mediante el ayuno y la abstinencia. Es decir, autoimponerse una penitencia como ejercicio de reflexión y elevación interior. Pero nosotros, tentados a diario por un consumismo voraz favorecido por un cristianismo de rebajas, no somos capaces del menor de los sacrificios. ¿Recuerdan ustedes la recomendación de la Iglesia católica de abstenerse de comer carne los viernes de Cuaresma? Pues actualmente, la mayoría de los cristianos, de sacrificios nada de nada. 

En la sociedad aconfesional en la que vivimos, todas estas prácticas, como tantas otras, quedan relegadas, proscritas y criticadas como retrógradas. En nombre de la modernidad, el colectivo cristiano se autocensura y permite que sus costumbres se cuestionen y se olviden. Mientras, como consecuencia del "buenismo" y lo "woke", se dan a conocer con todos los altavoces posibles, incluidos los medios públicos de comunicación, las fechas del Ramadán o del año nuevo chino. ¿O acaso han oído hablar en la TV que empezaba la Cuaresma?

Aún recuerdo cómo en la escuela, cuando yo era pequeño, se nos presentaba la "vella Quaresma" como una anciana de siete pies (uno por semana) o cuando cantábamos villancicos, o cuando decorábamos las aulas con palmas y palmones por la Pascua o con belenes por Navidad. En la actualidad, en las escuelas, para no ofender a los ateos o practicantes de otras religiones, se ignora la tradición. Las aulas se llenan en Navidad (que ahora se llaman vacaciones de invierno) con siluetas de regalos, tiós y muñecos de nieve. Y por la Pascua (llamada Easter fest), de huevos pintados y conejos.

Seas o no creyente, nadie puede negar que nuestra cultura occidental y europea tiene sus raíces en el pensamiento filosófico cristiano y que esas tradiciones fundamentan nuestra manera de entender la sociedad y las relaciones personales, modelando nuestra manera de entender el mundo.

Entiendo que necesitamos con urgencia un rearme cultural de lo propio.

En el respeto a nuestra cultura, viviéndola sin complejos y en el respeto a nuestras tradiciones y costumbres, podremos encontrar el camino común para la construcción del futuro. No porque sean mejores que otras foráneas, sino porque son las nuestras, las que nos hacen ser quienes somos, las que nos arraigan a nuestra tierra.

Sin ese respeto, Occidente y Europa misma se verá devorada por lo culturalmente ajeno y dejaremos de ser quienes somos.

Más en La Opinión de Carles Viñallonga