El presente y el futuro

Es curioso observar cómo, por consenso cultural impulsado principalmente por sociólogos, demógrafos, agencias de marketing y medios de comunicación, se pone nombre a las distintas generaciones. Con ello parece que pretenden dibujar el panorama de las tendencias de lo que tuvimos, tenemos y tendremos. Generalizar nunca es del todo correcto, pero solemos hacerlo, ¿no?

Las evolución ( o no) generacional
photo_camera Las evolución ( o no) generacional

Un nombre para cada generación

En la actualidad, los llamados Baby Boomers, nacidos entre el 1946 y el 1964, cuyo nombre hace referencia al boom de natalidad tras la II Guerra Mundial, estamos iniciando el traspaso del testigo a la generación X (entre 1965 – 1980, según dicen rebelde y antietiquetas) y a la generación Y (también llamados Milennials, entre 1981-1996, generación que vivió en directo los cambios de lo analógico a lo digital).

Pero no crean que la cosa acaba ahí. A continuación, los estudiosos del tema aún sacan más punta al lápiz. Pongamos más ejemplos:

  • Generación Z o Centennials (1997 – 2012): Nativos digitales, fuertemente vinculados a las redes sociales y la tecnología desde su infancia.
  • Generación Alfa (2013 – 2025): Totalmente inmersos en un entorno hiperconectado y de inteligencia artificial.
  • Generación Beta (2026 en adelante): La generación actual nacida en un ecosistema nativo de tecnología inteligente.

No deja de tener su gracia.

La generación de cristal

Dejando de banda los nombres y los intervalos de años de cada generación, que cada cual puede considerar más o menos acertados, hay algo de lo que últimamente se habla mucho y es digno de mención. Se trata de la llamada generación de cristal.

El término "generación de cristal" se utiliza para describir, a menudo de forma despectiva, a los jóvenes nacidos después del año 2000. Se les asocia con una supuesta fragilidad emocional, baja tolerancia a la frustración y una extrema susceptibilidad a la crítica.

Es posible que los de anteriores generaciones puedan conceder cierta credibilidad a estas afirmaciones comparando su propia generación con la de sus hijos y nietos, a la vez que podamos sentirnos algo culpables de que esto sea cierto.

No en vano los padres y la sociedad en general de esta generación la mantuvo alejada de la responsabilidad, del sacrificio y del esfuerzo que exige la vida con tal de no frustrarlos o disgustarlos. Probablemente les allanamos demasiado el camino.

Como he dicho antes, generalizar no es lo más adecuado, pero...

Veamos que pudimos hacer mal:

  • Su fragilidad emocional podría ser consecuencia de una crianza sobreprotectora que les ha restado resiliencia ante los problemas cotidianos.
  • Su susceptibilidad y la tendencia a ofenderse con facilidad frente a opiniones divergentes o comentarios que consideran hirientes puede deberse a la falta de límites en la infancia.
  • Su excesiva comunicación digital y la necesidad de validación y socialización a través de la red, quizás vendría producida por la temprana edad a la que accedieron a las redes sociales, vía teléfono móvil conectado a internet, alejándose de la socialización de "calle", más natural y humana.

Pero para mí, que tengo hijos de esta edad, no todo es negativo, ni mucho menos.

Esta nueva generación tiene:

  • Una gran conciencia social: Tienen mayor facilidad para identificar, hablar y normalizar problemas de todo tipo, incluidos tema "tabús" de épocas anteriores como el sexo o la  salud mental, por poner algunos ejemplos.
  • Muestran una fuerte empatía y compromiso con algunas causas que para ellos son importantes. Hay quien comulga con el feminismo, el cambio climático y la diversidad. Y hay quien se acerca a la vida espiritual y religiosa.
  • Pensamiento crítico: Cuestionan las normas y estructuras tradicionales (políticas, laborales, sociales y familiares) que no consideran justas o equitativas.

Pero lo que nos duele a nosotros, los padres, es lo difícil que lo tienen para cumplir sus sueños de independencia económica, laboral y social.

Ni con buenos estudios tienen las garantías de encontrar un buen empleo, adquirir una vivienda propia y poder emanciparse. Muchos emigran al extranjero, donde quizás se valorará más su formación, que lo que se le valora en nuestro país.

El efecto Flynn negativo o efecto Flynn inverso

Cambiemos de tercio, pero continuemos hablando de presente y de futuro.

El efecto Flynn es la subida continua, año por año, del cociente intelectual de la población, donde cada generación puntuaba más alto que la anterior.

Una serie de investigaciones en el Reino Unido estimó que la tasa de ese crecimiento se situaba en torno a 2 o 3 puntos por década, de forma general.

Sin embargo, estudios recientes demuestran que, desde la década de 1990, esta tendencia se ha detenido e invertido en varios países occidentales (como Noruega, Dinamarca, Reino Unido y los Países Bajos), registrándose una caída promedio en los puntos de coeficiente intelectual.

A mí no me cabe duda que también sucede en España.

A cada cual y especialmente a los responsables educativos, le corresponde analizar las causas y revertir la situación.

Yo solo apuntaré algunas posibles causas, por si alguien me escucha:

  • ¿Tendrá que ver el continuo y abusivo uso de la tecnología (actualmente la IA) para solucionar toda cuestión planteada, todo problema por solucionar y toda búsqueda de información?
  • ¿Tendrá que ver las tendencias pedagógicas actuales, implantadas por la fuerza en nuestro país que destierran el esfuerzo, el trabajo y la memorización y que convierten las escuelas e institutos en algo más parecido a un parque de atracciones o parkings que a un centro de cultura y formación?
  • ¿Tendrá que ver la poca dedicación en la fase de formación a la meritocracia y la tendencia del mundo escolar actual a la continua rebaja de contenidos y exigencias?
  • ¿Tendrá que ver la invasión audiovisual que acomoda y adormece  la mente y la aleja de los libros, de la investigación y de la curiosidad por descubrir?
  • ¿Tendrá que ver el alejamiento de la naturaleza que sufrimos y el poco interés que tenemos por mantenerla sana y cercana?
  • ¿Tendrá que ver el crecimiento exponencial del materialismo y consumismo que nos lleva a desear tener en lugar de desear ser?
  • ¿Tendrá que ver el cambio producido en nuestro país que nos lleva a una cultura del subsidio, cómoda y dependiente, lejos de la cultura del esfuerzo, que requiere ingenio y riesgo?

En fin, todo lo escrito queda para la reflexión, para quien quiera pensar un poco.