La Sanidad al borde del colapso

La segunda huelga nacional de médicos de este 2026 comenzó este lunes 16 de marzo. Y es que las cosas no van demasiado bien para este fundamental sostén del estado del bienestar.

Ministra de Sanidad Mónica García
photo_camera Ministra de Sanidad Mónica García

Los médicos vuelven a la huelga. En esta ocasión el paro está convocado hasta el viernes 20. El agotamiento profesional y unos aumentos salariales muy por debajo de la inflación están provocando que los médicos estén indignados y sean llamados a la huelga. Más allá de la regulación racional de las guardias inhumanas que soportan, las reivindicaciones concretas incluyen otras medidas para mejorar su estabilidad. Los doctores y doctoras necesitan ser reconocidos tal como se merecen, al igual que los docentes y los agentes de los cuerpos de seguridad. De hecho, los docentes también tuvieron su huelga en Cataluña no hace mucho, pero los sindicatos del Gobierno, es decir UGT y CCOO, rápidamente llegaron a un acuerdo, rompiendo la unidad sindical y desmovilizando al personal, que resignado, volvió a las aulas.

La crisis general de los servicios públicos españoles es un hecho que nadie puede rebatir. Después de casi ocho años de gobierno "progresista" el retroceso en la calidad del servicio lo ve todo hijo de vecino. Es un hecho y un dato oficial que las listas de espera en Cataluña, están en el orden de los cuatro meses de media. Ser visitado por un especialista de forma inmediata es una quimera. ¡No digo ya para operarse!

Pero llega más leña al fuego. Con el Decreto ley aprobado por las izquierdas de este país, cualquier persona que viva aquí, de forma regular o irregular, tendrá acceso gratuito a la sanidad pública.

Como bastará una declaración responsable de la persona solicitante, manifestando que no tiene otra cobertura sanitaria, hecho que no se comprobará de ninguna manera, se abrirá la puerta a lo que en breve se denominará "turismo sanitario". Es decir, se activarán viajes a España para ser atendido gratuitamente de males que en sus propios países tendrían su justo coste.

Pero no nos dejemos engañar por el relato gubernamental. La sanidad ni es gratuita ni la pagamos entre todos.

Empecemos por lo de gratuita. De ninguna manera la sanidad tiene coste cero. Es más, la Sanidad es cara. Y si no que se lo pregunten a cualquiera que viaje a EUA y tenga la mala suerte de enfermar allí. La atención sanitaria de calidad, los recursos sanitarios, las medicinas, los quirófanos, los profesionales y hasta la última tirita tienen costes y no, no los paga el Estado. Los pagan los contribuyentes con los sudores de su trabajo. Con aquello de levantarse cada día de madrugada para producir, crear o servir. Para que luego, llegado el mes de la declaración, la Sra. Montero y Hacienda te crujan a impuestos.

Tampoco es cierto aquello de "lo pagamos entre todos". Hay cientos de miles de personas que no pagan ni contribuyen. Y, es más, muchos de ellos y ellas jamás han contribuido ni lo harán. Tan solo fagocitarán nuestros recursos.

Por todo ello entiendo la indignación de un españolito o españolita de a pie que después de ver como sus nóminas se reducen a la mitad un mes si y el otro también por los impuestos, ve como debe esperar tres, cuatro meses o hasta un año, para recibir atención especializada en la Seguridad Social. Pues tranquilo o tranquila, que mañana, con la entrada de todos estos nuevos usuarios el colapso será mayor.

Más rabia da cuando ves cómo se gestionan los dineros públicos, los regalos en forma de subvenciones que se hacen a entidades y gobiernos extranjeros. O cuando te enteras que la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, viaja, a cargo de los contribuyentes, para asistir a la gala de los Óscar, otorgándose una representatividad que con su ministerio no se justifica. Seguramente el coste de su viajecito podría cubrir la operación de cualquiera de los contribuyentes que la está necesitando. Y no digamos ya con el sueldo de los más de 1.200 asesores, de los cuales más de 600 prestan servicio directo a Pedro Sánchez. Este volumen de personal de confianza representa una cifra récord y un aumento significativo en comparación con anteriores legislaturas. Ese desorbitado aumento no se ve para nada en las plantillas de médicos y enfermeras de nuestros centros de salud.

Los ciudadanos necesitamos médicos, enfermeras, docentes, policías, jueces... y no que nuestros políticos despilfarren nuestros impuestos en aprender a vendernos su relato o en viajes fashion.

Més a La Opinión de Carles Viñallonga