La decisión de Estados Unidos de retirarse, de facto et pecuniarie, de decenas de organismos (+60) de Naciones Unidas no es un capricho personal ni un gesto ideológico. Es una evaluación estratégica: el sistema multilateral ya no funciona como instrumento de orden, ni de justicia, ni de disuasión.
Y cuando una estructura deja de cumplir su función, el poder real deja de financiarla.
La ONU pasó de árbitro a ser coartada
La ONU no está paralizada por accidente. Está estructuralmente bloqueada. El Consejo de Seguridad no es un foro neutral, sino un tablero donde Rusia y China vetan cualquier consecuencia real contra regímenes aliados, igual que EE. UU. con Israel, mientras utilizan el lenguaje del derecho internacional como escudo de impunidad.
El descrédito viene de lejos: la vieja Comisión de Derechos Humanos.
Antes de que existiera el actual Consejo de Derechos Humanos, la ONU tuvo la Comisión de Derechos Humanos (1946-2006). No era un órgano técnico: era un órgano político, con 54 Estados elegidos por el ECOSOC, reelegibles y sin miembros permanentes.
El Consejo Económico y Social (ECOSOC) es uno de los seis órganos principales de las Naciones Unidas, establecido en 1945 para coordinar la labor económica, social y ambiental de la ONU y sus organismos especializados. Fomenta la cooperación internacional, el desarrollo sostenible y la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
El problema fue estructural: durante años, la anterior Comisión se convirtió en un refugio de legitimidad para regímenes con historiales graves. No se trataba de un accidente, sino de un patrón: Estados señalados por la represión interna ganaban (intercambiaban) asientos, votaban (se votaban entre ellos), bloqueaban, relativizaban y convertían la “defensa de derechos humanos” en un lenguaje burocrático sin dientes.
El caso más simbólico fue la presidencia de Libia en la Comisión (2003), ampliamente criticada como un golpe directo a la credibilidad del sistema. Y no era una excepción: en esas mismas dinámicas, países como Cuba (en 2026, 10.000 presos políticos) o Arabia Saudí mantuvieron asiento en distintos periodos, mientras el órgano se degradaba por politización y doble rasero.
Por eso en 2006 la Asamblea General cerró esa Comisión y creó el Consejo de Derechos Humanos, explícitamente para responder al deterioro de su eficiencia y credibilidad.
Conclusión operativa: el descrédito del multilateralismo de derechos humanos no nace hoy, ni depende de un presidente concreto. Es la consecuencia lógica de un diseño donde la pertenencia se decide por aritmética diplomática - no por estándares - y donde el lenguaje moral sirve, demasiadas veces, como coartada política.
Venezuela es el ejemplo definitivo de ese fracaso:
-Crímenes de lesa humanidad documentados.
-Narcotráfico estatal probado.
-Migración forzada de millones de personas.
-Colapso institucional absoluto.
¿Cuál ha sido la respuesta multilateral?
Comunicados. Informes. Relatores. Comisiones. Intermediarios. Ninguna consecuencia.
Un sistema que no corrige no es neutral: protege al agresor.
No es anti-ONU: es post-ONU
Estados Unidos no se está aislando del mundo. Se está retirando de una arquitectura aprisionada, ineficaz y hostil (y carísima) a sus propios principios operativos. El poder material, militar, financiero, tecnológico, permanece intacto. Se abandona la quimera de que el consenso burocrático produce justicia.
El nuevo paradigma es claro:
-Menos foros estériles.
-Menos “expertos”, fin de la agencia de colocación de políticos, puertas giratorias, amistades, perversiones, cuotas de “funcionarios” por país y cuotas según la aportación (pequeña) del presupuesto que cubrían.
-Más bilateralismo duro.
-Más jurisdicción penal transnacional efectiva.
-No a la participación de las ONG,s en el Consejo de Derechos Humanos.
-No a las invitaciones interesadas e incomprensibles, como las nueve invitaciones a Ghislaine Maxwell, hija del magnate de los medios de comunicación Maxwell, con triple ciudadanía (británica, francesa y estadounidense) y delincuente sexual convicta, condenada a 20 años de prisión en 2022.
Procesada por su implicación con el financiero Jeffrey Epstein en asuntos de explotación sexual de menores, mismas acusaciones que recayeron sobre ella como facilitadora de dichos encuentros. Ghislaine se ocupó de "atraer, transportar y traficar con chicas menores de edad, algunas de tan solo 14 años, para que ella y Jeffrey Epstein abusaran de sus víctimas."
-Más consecuencias organizativas, edificios, extraterritorialidad, tenemos el ejemplo del presidente colombiano que accede a la asamblea y en la puerta de la ONU llama a la rebelión de las tropas USA contra el gobierno USA. Despliegues militares controvertidos como en el Líbano.
Esto no es desprecio por el derecho internacional. Es una total desconfianza en su instrumentalización selectiva.
El globalismo normativo y su hipocresía
La reacción airada de ciertos sectores académicos y mediáticos no es jurídica: es corporativa. Defienden el sistema porque viven de él. Porque el multilateralismo retórico garantiza cargos, informes retribuidos. visibilidad, y superioridad moral sin asumir costos.
Resulta revelador que quienes jamás se alarmaron por:
-La intervención estructural de China en África e Iberoamérica,
-La penetración rusa en defensa y seguridad,
-La exportación iraní de tecnologías de represión,
hoy invoquen con fervor religioso la “soberanía” y el “derecho internacional” cuando el poder actúa contra una dictadura criminal.
El problema no es la intervención.
El problema es quién interviene.
Esto no va de Trump. Va de crimen y víctimas.
Reducir todo a Trump es una forma cómoda de evitar el debate real. Aquí no se discute simpatía política ni estilos presidenciales. Se discute algo más básico: si el derecho internacional sirve para proteger a las víctimas o para blindar a los victimarios.
Cuando una norma deja de producir efectos reales frente al crimen organizado estatal, defenderla como un absoluto no es civilizatorio. Es legalismo estéril. Es administración elegante de la impunidad.
La ONU no muere por Trump.
Muere porque dejó de cumplir su función histórica.
Y en geopolítica lo que no sirve para hacer justicia, se reemplaza.
ONU, The End