¿Cómo vivió Granollers la guerra de Sucesión? En un principio, al igual que el resto de las instituciones catalanas, la ciudad adoptó una postura pragmática. En 1701 Granollers participó en las cortes que juraron fidelidad a Felipe d’Anjou, nieto de Luis XIV “el Rey Sol”. El nuevo rey juró respetar las constituciones y derechos de Cataluña, en un equilibrio que parecía garantizar la continuidad institucional. Sin embargo, el centralismo que había heredado de su abuelo generó desconfianza entre las élites políticas. Luis XIV gobernó desde Versalles para toda Francia. Lo mismo quiso hacer su nieto desde Madrid. Esta inquietud ayudó para que el bando contrario a los Borbones, formado por Inglaterra y Austria, maniobraran a favor de su candidato, el archiduque Carlos.
Para Granollers el compromiso con la causa austricista no fue una decisión tomada de manera repentina. Todo lo contrario. Fue una decisión forjada por la coyuntura y la necesidad de proteger sus privilegios. En el 1705, tras el pacto de Génova, los ejércitos del archiduque desembarcaron en la costa catalana. En Barcelona fue proclamado el archiduque, en Barcelona, como Carlos III. Los síndicos de Granollers -lo representantes legales y defensores de los intereses de la comunidad ante las instituciones superiores- acudieron allí para rendirle homenaje, sellando así un compromiso que exigía sacrificios constantes en forma de hambre, suministros y dinero. La guerra dejó de ser un concepto lejano para convertirse en una realidad cotidiana de tierras abandonadas, saqueos de tropas enemigas y una presión fiscal agotadora.
El momento culminante de esta relación contra la corona y la villa ocurrió en el crudo invierno de 1710. Granollers se convirtió, por una noche, en el centro neurálgico de la corte. El 30 de enero Carlos III regreso de su visita a Gerona y Vic decidiendo pernoctar en la ciudad. Pernoctó en el Casal Perpinyà-Masferrer. Antoni Grat de Perpinyà, prestigioso jurista y antiguo diputado de la Diputación del General, era el patriarca de una estirpe que personificaba la entrega a la causa del archiduque de Austria. Su hijo, Francesc y su nuera Maria Rosa Santpere, se encargaron de que la recepción estuviera a la altura de la dignidad real.
Al pesar de la penuria generalizada y el agotamiento de los recursos locales, el Consejo de la Villa no escatimó en gastos para la logística del evento. Se organizó un fastuoso banquete en la Plaça de la Porxada, donde las viandas más exquisitas, desde capones y perdices hasta dulces y vinos selectos, contrastaban dolorosamente con el hambre de una población diezmada por el conflicto. La plaza se iluminó con espectáculos pirotécnicos conocidos como la invención del fuego, creando un espejismo de gloria y estabilidad en medio del caos bélico. El monarca partió al día siguiente por el portal de San Cristóbal, dejando tras de sí una villa exhausta pero orgullosa de su lealtad. Esta puerta estaba en la actual calle Barcelona, que conectaba el camino real que iba a la capital. El portal y su capilla fueron derribados en 1854 para facilitar el crecimiento urbanístico de la ciudad y el ensanche de las calles, en un periodo donde las murallas ya no tenían función defensiva.
El esplendor de aquella visita real fue el preludio de un declive inevitable. El escenario internacional cambió en el 1711 con la muerte del Emperador electo del Sacro Imperio Romano Germánico José I de Habsburgo. Al ser el archiduque el heredero, al haber muerto su padre Leopoldo I de Habsburgo en 1705 y luego su abuelo, Inglaterra y Austria empezaron a ver con recelo la posibilidad de que una sola persona concentrara tanto poder. El equilibrio que buscaban se rompió y en 1713 se firmó la Paz o Tratado de Utrech. En él las potencias europeas reconocieron a Felipe V como rey de España a cambio de concesiones territoriales y comerciales. El archiduque fue proclamado Emperador como Carlos VI. La estabilidad se había establecido en toda Europa menos en Cataluña que decidió resistir en solitario contra las fuerzas borbónicas. De julio de 1713 a septiembre de 1714 Cataluña luchó en una guerra estéril, porque el mapa de Europa ya estaba estructurado y esta resistencia fue considerada un conflicto interno español y que en nada interfería en Europa.
Llegados a este punto Anton Grat de Perpinyà, el anfitrión del archiduque, optó por el realismo político y se adhirió a Felipe V para intentar salvar el patrimonio familiar, renunciando a los privilegios que el archiduque le había otorgado. Por su parte su hijo Francesc de Perpinyà representó la resistencia. Se trasladó a Barcelona, se integró en el gobierno de la Diputación del General como oidor militar y se convirtió en uno de los defensores más acérrimos hasta el último aliento de los defensores de Barcelona. Perpinyà mantuvo una postura firme. Mientras la ciudad caía bajo el peso de las bombas y el asalto final, él fue el único miembro del gobierno que votó en contra de la capitulación. Para él la rendición no era una opción aceptable frente a lo que consideraba una traición a las libertades fundamentales. Tras la rendición, el 12 de septiembre de 1714, le confiscaron todos sus bienes y su familia quedó sumida en una profunda precariedad económica, que empezó a mitigarse después del Tratado de Viena de 1725.
Gracias o como consecuencia de este tratado Carlos VI reconoció a Felipe V como el legítimo rey de España, y Felipe V renunció a sus pretensiones sobre los territorios italianos y de los Países Bajos que España había perdido. España concedió privilegios comerciales exclusivos a la Compañía de Ostende, una empresa comercial del emperador. Se planearon matrimonios entre los hijos de ambos monarcas, aunque nunca llegaron a concretarse. ¿Por qué Francesc de Perpinyà recuperó sus posesiones? Carlos VI renunció a sus pretensiones al trono de España exigiendo que hubiera una amnistía general para todos aquellos que hubieran apoyado al bando austracista durante la guerra de Sucesión. Felipe V se comprometió a devolver los bienes, honores y rentas confiscados a los nobles y ciudadanos que se habían exiliado o que habían sido represaliados en España.
¿Qué bienes recuperó en 1725? Se levantaron los embargos sobre sus propiedades. La familia recuperó sus posesiones en la zona de Granollers. Se le restituyó el control sobre tierras agrícolas y propiedades urbanas vinculadas a su linaje, que había sido administradas por la Real Junta de Hacienda o Secuestros desde 1714. Esto le permitió volver a figuras entre la alta nobleza terrateniente de Cataluña. Francesc, como José Galcerán de Pinós y de Rocaberti, que también tenía intereses económicos en el Valles, simbolizan el apoyo del Valles en la defensa de Barcelona.