La confianza es algo chulísimo. Sobre todo, cuando está completamente desconectada de la realidad. Vivimos rodeados de adultos que no saben cambiar una rueda, pedir cita con el CAP online ni recuperar una contraseña sin entrar en una crisis espiritual, pero luego hablan de “ingeniería social”, “élites globales” y “estrategias geopolíticas” mientras comparten una imagen pixelada con letras rojas que pone:
“LOS MEDIOS NO QUIEREN QUE SEPAS ESTO”.
Sí, los medios, la CIA, Bruselas, Soros… Todo el mundo conspirando, menos Paqui, que lleva tres días intentando imprimir un billete de Ryanair y está a un paso de prender fuego al router.
A mí lo que más me gusta es el tono. Esa seguridad. Esa autoridad de barra de bar premium. Gente incapaz de configurar la Smart TV diciéndote cómo debería organizarse Occidente. Cariño, no pudiste sincronizar el móvil con el coche. Igual la OTAN puede esperar un momento.
Luego están los especialistas multidisciplinares. Esos son maravillosos. El martes son epidemiólogos. El jueves, expertos en energía nuclear. El sábado, constitucionalistas. Y el domingo, nutricionistas antiinflamatorios porque han descubierto la cúrcuma y ahora parecen un chamán de herbolario con acceso a TikTok.
La pandemia nos dejó muchas cosas. Entre ellas, la sensación colectiva de que leer dos hilos de Twitter equivale a un máster. Hay gente que vio tres vídeos en YouTube y salió convencida de que podía debatir con virólogos, economistas y jueces del Supremo mientras cenaba mortadela.
Y lo peor no es hablar sin saber. España lleva siglos funcionando así y tampoco vamos ahora a romper tradiciones. Lo preocupante es la agresividad. Esa mezcla de ignorancia y superioridad moral que convierte cualquier conversación en una semifinal de tertulia nocturna. Tú dices: “No sé, igual el tema es más complejo.” Y automáticamente te miran como si fueras el portavoz oficial del Nuevo Orden Mundial.
A veces echo de menos la humildad antigua. Esa gente que simplemente decía: “No tengo ni idea.” Qué maravilla. Qué descanso. Qué concepto tan vintage. Ahora todo el mundo tiene opinión, análisis y teoría. Lo único que no tiene es memoria para recordar la contraseña del correo. Pero oye, al menos saben perfectamente cómo arreglar el planeta.
Mientras su impresora lleva en “error de conexión” desde 2022.