Así se desprende del ‘Estudio de Bienestar y Salud Laboral en España 2026’, elaborado por Edenred, cuyos resultados recoge este sábado la agencia Servimedia. El dato resulta especialmente significativo porque, lejos de mejorar, el problema se ha agravado considerablemente en apenas un año: en 2025 eran un 65% los profesionales que reconocían dificultades para desconectar. Ahora son el 81,6%.
Es decir, solo el 18,4% de los profesionales españoles asegura desconectar completamente del trabajo, sin responder llamadas ni mensajes fuera de su horario o durante sus vacaciones.
Uno de cada cinco sigue trabajando incluso durante las vacaciones
Los datos permiten comprobar además que no estamos hablando únicamente de una llamada excepcional ante una emergencia. Según informa Servimedia, el 19,7% reconoce responder frecuentemente a comunicaciones laborales, incluso estando de vacaciones; otro 30,5% lo hace con cierta regularidad fuera de su jornada y un 31,4% responde ocasionalmente.
La suma de estos tres grupos alcanza precisamente ese 81,6% de profesionales que, en mayor o menor medida, permanecen conectados a su trabajo cuando teóricamente ya han terminado su jornada.
El deterioro respecto al año anterior es uno de los elementos más llamativos del informe. Los datos difundidos por Edenred muestran un incremento de alrededor de 16 puntos porcentuales en solo un año, pasando del 65% al 81,6%.
Los trabajadores mayores son los que menos desconectan
Contra lo que podría suponerse en una sociedad en la que los más jóvenes han crecido rodeados de teléfonos móviles y redes sociales, son precisamente los trabajadores de mayor edad quienes presentan mayores dificultades para dejar atrás el trabajo.
Los baby boomers de entre 62 y 65 años encabezan el ranking: el 87,4% continúa atendiendo llamadas o mensajes laborales fuera de su jornada y un 27,9% reconoce hacerlo frecuentemente incluso durante las vacaciones.
Tras ellos aparecen los millennials, entre 30 y 45 años, con un 82,9%; la Generación X, de 46 a 61 años, con un 80,8%; y finalmente la Generación Z, entre 20 y 29 años, con un 79,3%. La diferencia generacional existe, pero las cifras muestran que el problema afecta de manera muy amplia a todas las edades.
Andalucía lidera el ranking y Cataluña ocupa los primeros puestos
También existen diferencias territoriales. Andalucía es la comunidad donde resulta más difícil desconectar, con un 83% de profesionales que reconocen atender en algún momento comunicaciones laborales fuera de su jornada.
Pero resulta todavía más revelador analizar quiénes lo hacen frecuentemente, incluso durante las vacaciones. Andalucía vuelve a ocupar la primera posición, con un 26,5%, seguida de Cataluña, con un 20,9%, Galicia, con un 19,9%, y Madrid, con un 19,8%.
Desconectar no es un privilegio: es un derecho reconocido por ley
Hay otro elemento importante que conviene recordar. La desconexión digital no es simplemente una recomendación para mejorar el bienestar de los empleados. Es un derecho reconocido expresamente por la legislación española desde 2018.
El artículo 88 de la Ley Orgánica 3/2018 establece el derecho de trabajadores y empleados públicos a la desconexión digital precisamente para garantizar que, fuera del horario laboral, se respeten el descanso, los permisos, las vacaciones y la intimidad personal y familiar. La legislación establece además que las empresas deben disponer de una política interna que determine cómo ejercer ese derecho y realizar acciones de formación y sensibilización sobre el uso razonable de las herramientas tecnológicas.
El problema, por tanto, aparece cuando se compara lo que establece la legislación con lo que sucede realmente en el mercado laboral: si solamente el 18,4% afirma conseguir una desconexión completa, existe una considerable distancia entre el reconocimiento formal del derecho y su aplicación cotidiana.
La hiperconexión también afecta a la salud
No estamos únicamente ante una cuestión de comodidad o conciliación familiar. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) advierte de que la sobreexposición tecnológica y la conectividad permanente pueden producir efectos negativos sobre la salud mental, cardiovascular y musculoesquelética. El organismo público considera además que una desconexión efectiva favorece el descanso, la conciliación y el rendimiento laboral.
El propio INSST señala que el reconocimiento legal no basta: las condiciones de trabajo deben permitir que esa desconexión sea realmente posible, mediante políticas internas, organización adecuada del trabajo, formación y sensibilización tanto de trabajadores como de responsables empresariales.
De las vacaciones a la cultura del “siempre disponible”
El teléfono móvil, el correo electrónico, WhatsApp, las videollamadas y las plataformas corporativas han facilitado enormemente el trabajo, especialmente desde la expansión del teletrabajo. Pero también han difuminado una frontera que antes estaba mucho más clara: cuándo termina el trabajo y empieza la vida privada.
El estudio de Edenred pone números a esa transformación. Ocho de cada diez profesionales españoles continúan conectados de alguna manera después de terminar su jornada y prácticamente uno de cada cinco lo hace habitualmente incluso durante sus vacaciones.
La tecnología permite trabajar desde prácticamente cualquier lugar. El verdadero reto ahora parece ser justamente el contrario: conseguir dejar de trabajar cuando llega el momento de descansar.