Interior lo reconoce abiertamente en la actualización del Plan Mayor Seguridad. España tiene ya aproximadamente un 20% de población mayor de 65 años y factores como el estado físico o cognitivo, la situación económica, la soledad o la brecha digital pueden incrementar su vulnerabilidad. Por eso el Gobierno identifica específicamente como amenazas los robos y tirones en la calle o en los domicilios, los hurtos —incluido el conocido como "hurto amoroso"—, las estafas financieras, el robo de identidad y los fraudes por internet.
Y no estamos hablando únicamente de delincuentes ocasionales. Hay grupos organizados que seleccionan a sus víctimas y utilizan métodos específicamente diseñados para aprovecharse de personas de edad avanzada. En junio, por ejemplo, la Guardia Civil detuvo a cuatro integrantes de un grupo dedicado al llamado "abrazo cariñoso": se les atribuyeron ocho robos y trece hurtos de joyas por unos 33.000 euros y sus víctimas eran principalmente personas mayores, algunas con dificultades de movilidad. Hace apenas unos días se conocía además la detención de cuatro hombres relacionados con 29 robos mediante el denominado "método de la siembra", eligiendo principalmente a mujeres de mediana y avanzada edad en aparcamientos.
El problema se agrava durante el verano. Hay más desplazamientos, viviendas vacías, aglomeraciones, turistas y cambios de rutina que facilitan el trabajo de los delincuentes itinerantes. Las últimas operaciones policiales muestran hasta qué punto existe profesionalización: vigilancia previa de viviendas, vehículos alquilados, documentación falsa, técnicas como el bumping o el impressioning e incluso dispositivos tecnológicos para controlar cuándo una vivienda queda vacía.
Por eso quizá el debate no debería limitarse a recomendar a nuestros mayores que tengan cuidado. Una sociedad que envejece necesita adaptar también su seguridad al envejecimiento. Interior actualizó precisamente el Plan Mayor Seguridad para mejorar la prevención, incrementar la formación policial, fomentar la denuncia y crear redes de apoyo de familiares, vecinos y amigos. Porque proteger a quien tiene 75 u 80 años de una banda que ha decidido que es una víctima fácil no puede depender exclusivamente de que el anciano sea más desconfiado o camine mirando hacia atrás. La obligación de adelantarse al delincuente corresponde, sobre todo, a quienes tienen la responsabilidad de protegerlo.