La crisis de las hipótesis sin evidencia

¿De verdad que la peste porcina en Catalunya vino de un “bocadillo”?

La investigación sobre el origen del brote de peste porcina africana (PPA) —detectado en jabalíes en el entorno del parque natural de Collserola, provincia de Barcelona— ha entrado en una fase de gran incertidumbre y debate público. Después de más de dos meses de trabajo por parte de autoridades, veterinarios y expertos científicos, ni el Ministerio de Agricultura ni la Generalitat han logrado identificar una causa concluyente del foco de infección, lo que ha dado lugar a explicaciones que a muchos les parecen más propias de un relato anecdótico que de una investigación científica rigurosa.

Encontramos al primer jabalí que ingirió el famoso bocadillo de mortadela... El primero de sus especie (foto creada por IA)
photo_camera Encontramos al primer jabalí que ingirió el famoso bocadillo de mortadela... El primero de sus especie (foto creada por IA)

El “bocadillo de mortadela”: una hipótesis que se convierte en chiste (y barrera informativa)

Desde los primeros días tras la aparición del brote, tanto el consejero de Agricultura de la Generalitat como diversos medios reproducían la idea de que el virus podía haber llegado a través de restos de un bocadillo con embutido contaminado abandonado en la basura, y que un jabalí lo habría ingerido. Esta imagen —que rápidamente se viralizó como “la teoría del bocadillo de mortadela”— redujo un tema sanitario de enorme impacto a algo que parecía una anécdota pintoresca.

Aunque técnicamente la PPA puede persistir durante meses en productos de cerdo procesados, y la vía de transmisión por alimento contaminado es una posibilidad biológica real, la comunidad científica ha alertado de que una afirmación tan simplista no sustituye a una investigación rigurosa.

El efecto mediático de esta hipótesis ha sido doble: por un lado, generó desconfianza en los transportistas y camioneros —acusados implícitamente de arrojar restos de comida peligrosos— y por otro ha diluido la percepción pública de los riesgos reales, contribuyendo a que muchos ciudadanos minimicen la complejidad del problema a un chiste.

El Ministerio abre una investigación… pero no hay conclusiones claras

Poco después, ante el escepticismo y los antecedentes de otras epidemias, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación abrió una investigación oficial para determinar si el foco podía provenir de un laboratorio de investigación biológica situado en Bellaterra —el IRTA-CReSA— porque en esa zona se trabaja con virus de PPA en investigación científica.

Este giro no implicó una acusación implícita: los responsables han dicho repetidamente que todas las hipótesis están abiertas y que, dado el hallazgo de un virus genéticamente diferente a los habituales en la UE, no se puede descartar un origen no convencional.

Sin embargo, los análisis genéticos preliminares disponibles sugieren que el virus circulante en los jabalíes no coincide con las muestras mantenidas en ese laboratorio, lo que ha llevado a algunos científicos a afirmar que es “altamente improbable” que se trate de una fuga —aunque esto no cierra definitivamente esa línea investigadora.

Expertos reprueban la falta de conclusiones, no la ciencia

Según un informe preliminar de un comité de expertos designado por el Gobierno, es todavía prematuro determinar el origen exacto del foco, y la evidencia genética disponible no permite atribuir con certeza una causa geográfica ni mecanística. El Ministerio y las autoridades científicas señalan cuatro hipótesis abiertas: liberación accidental desde un laboratorio de investigación, introducción deliberada, contagio progresivo desde otro foco activo en Europa o entrada mediada por actividad humana a larga distancia.

Lo relevante es que ninguna de estas hipótesis tiene por el momento una prueba concluyente. La ciencia no descarta nada, pero tampoco ha encontrado pruebas sólidas a favor de un origen menor o anecdótico como restos de bocadillo. Al contrario: sin evidencia, esa teoría debe manejarse con cautela o descartarse públicamente, no ocupar titulares como si fuera probable por defecto.

Política e imagen pública en la gestión de crisis

Más allá de los aspectos técnicos, la gestión comunicativa del Ministerio y de la Generalitat ha pasado factura. Las explicaciones iniciales, presentadas con gran dosis de incertidumbre, se mezclaron con afirmaciones que parecían encaminadas más a tranquilizar a sectores productivos que a informar con rigor sobre las lagunas del conocimiento científico.

En una crisis de impacto económico —España es uno de los mayores productores y exportadores de porcino del mundo—, las autoridades se encuentran bajo el escrutinio de agricultores, transportistas, consumidores y mercados internacionales. El hecho de que la narrativa pública cuadre mal con la complejidad científica ha generado desconfianza y humor sarcástico, como el que genera la idea del “bocadillo asesino”.

¿Qué sigue ahora?

La investigación continúa —con análisis genéticos más profundos, auditorías de seguridad y colaboración con laboratorios de referencia— pero, hasta ahora:

No hay una causa confirmada del brote. La hipótesis del “bocadillo” no es más que una teoría no probada y ampliamente ridiculizada. La opción de un origen de laboratorio se examina rigurosamente y, por ahora, no se sostiene con los datos genéticos disponibles.

Lo que queda claro es que, en plena era de información masiva, las autoridades deben manejar con extremo cuidado cómo comunican las incertidumbres científicas —de lo contrario, las metáforas pueden convertirse en distracciones, poner en riesgo industrias enteras y erosionan la confianza del público en la gestión de emergencias sanitarias.

Más en Barcelona