Estados Unidos se mantiene como el destino preferido y concentrará el 32% de los participantes. Le siguen el Reino Unido, con un 27,1%, e Irlanda, con un 20,2%, de modo que cerca de ocho de cada diez estudiantes españoles optarán por alguno de estos tres países. Canadá completa el grupo de destinos más demandados, aunque a bastante distancia, con un 4,3% del total.
En cuanto al tipo de programas elegidos, las estancias de corta duración para jóvenes son, con diferencia, la opción más solicitada. Más de la mitad de los estudiantes realizarán cursos de entre dos semanas y tres meses, principalmente para reforzar el aprendizaje del inglés. También mantienen una importante demanda los programas de año escolar completo, las experiencias de Work & Travel, que permiten compatibilizar estudios y empleo, así como los programas Au Pair, una modalidad que combina el cuidado de menores con la inmersión lingüística y cultural.
Desde Aseproce recuerdan que preparar un viaje de estas características no consiste únicamente en reunir la documentación necesaria o tramitar visados cuando el país de destino lo exige. La preparación emocional resulta igualmente decisiva. Adaptarse a una nueva cultura, convivir con una familia de acogida, desenvolverse en otro idioma y permanecer varias semanas o meses lejos del entorno habitual supone un reto que requiere planificación tanto para los estudiantes como para sus familias. La asociación recomienda acordar previamente la frecuencia de contacto, disponer siempre de los datos de la familia de acogida, del centro educativo y de la agencia organizadora, además de inscribir a los menores como no residentes en el consulado español correspondiente cuando la estancia sea prolongada.
Los especialistas destacan que este tipo de experiencias ofrece un aprendizaje que trasciende las aulas. Junto al perfeccionamiento del idioma, los estudiantes desarrollan habilidades cada vez más valoradas en el mercado laboral, como la autonomía, la capacidad de adaptación, la resiliencia, la convivencia en entornos multiculturales y una mayor apertura hacia otras realidades. Precisamente estos beneficios explican el crecimiento sostenido de la demanda y el interés creciente de las familias por ofrecer a sus hijos una experiencia internacional antes de acceder a la universidad o incorporarse al mercado de trabajo.