Fueron alrededor de 100 los manifestantes, todos ellos identificables por su indisimulada camiseta amarilla y, a pesar de todo, han logrado entrar en el Palau d’Esports y acceder tanto al nivel de gradería como, más tarde, a la propia pista donde estaba instalado el entarimado para dar la bienvenida a los más de 500 congresistas venidos de más de 100 ciudades y de una treintena, como mínimo, de países.
Con sus pitos, sus cánticos y sus reivindicaciones, principalmente, de dos tipos: la primera contra la política de los últimos 11 consellers i conselleres de Educación desde el 2000, y ahora y en particular Esther Niubó, del PSC. La segunda causa, su oposición al cierre de una línea pedagógica por parte de la Generalitat, en la Escuela Joan Solans, muy cerquita del propio Palau d’Esports.
Ni la lectura de un manifiesto, que la organización ha permitido a la “marea amarilla” subidos a la tarima, ni pasearse durante hora y media larga lanzando consignas y destrozando oídos con sus pitidos, ha satisfecho a los educadores y educadoras, de tal modo que la organización ha optado por dar por acabado el acto o, mejor dicho, por no iniciado y esperar que mañana sea otro día.
Obviamente, esta decisión no es plato de buen gusto para los organizadores que llevan muchos meses, tiempo y esfuerzos, organizando tal evento Mundial que debía demostrar que Granollers no solo sabe y es capaz de organizar Campeonatos del Mundo, de Europa o de España de balonmano, si no eventos culturales de primer orden.
La verdad es que la mayoría de congresistas extranjeros, por bien que se hagan las cosas de aquí al viernes, se van a quedar con muy mal sabor de boca cuando se hayan dado cuenta que, en nuestro país, en nuestra ciudad, en Granollers, los que deben educarnos son los que montan saraos olvidando el respeto ajeno, independientemente de la idoneidad, o no, de sus reivindicaciones.
Ellas y ellos se han ido a sus casas contentas y contentos y satisfechas y satisfechos sabiendo que han reventado un acto y mañana, supuestamente, estarán impartiendo sapiencia, sentido común y conocimientos a sus alumnos, mientras que los otros 500 que vienen de todo el mundo a intercambiar conocimientos y a hacernos participes de sus experiencias y de su cultura, se han llevado un masterclass de “cómo reventar un acto cultural de educadores siendo uno de ellos”. Implosión cultural en esencia.