Porque lo que consiguió el Club Balonmano Granollers en 1976 no fue solo levantar un trofeo. Fue abrir una puerta que hasta entonces parecía cerrada a cal y canto para el balonmano español: convertirse en el primer club del Estado en ganar una competición europea. Seis victorias y un solo empate, una trayectoria casi inmaculada y una final resuelta en casa, ante un Palau lleno hasta la bandera y un rival alemán que todavía hoy forma parte del relato.
Aquella Recopa —disputada por primera vez en la temporada 1975-1976— proyectó Granollers mucho más allá del Vallès. Puso a la ciudad en el mapa internacional del deporte y consolidó una identidad que, medio siglo después, sigue intacta: Granollers es balonmano. Y el balonmano, en Granollers, es patrimonio colectivo con 82 años de historia.
Un aniversario para entender el pasado e inspirar el futuro
La conmemoración, impulsada conjuntamente por el Ayuntamiento, la Fundación y el club, se ha concebido como un ejercicio de memoria activa. Así lo subrayaron todos los intervinientes durante la presentación institucional. La alcaldesa, Alba Barnusell, habló de un “tándem indisociable entre ciudad y balonmano”, mientras que el presidente del club apeló al orgullo y a la identidad granollerense, con algunos de los héroes del 76 sentados en primera fila (Prat, Gómez y Masip o el 2º entrenador Ferrán Raga). Desde la Fundación, su presidente, Josep Pujadas, lanzó un mensaje muy claro: ilusión, entusiasmo y respeto absoluto por una gesta que todavía hoy marca el camino.
El programa arrancará el 4 de marzo con una exposición fotográfica en el Ayuntamiento de Granollers, construida a partir del fondo del Archivo Municipal. Imágenes que no solo documentan partidos y celebraciones, sino también una forma de entender el deporte y la ciudad en los años setenta.
El fin de semana central llegará los días 18 y 19 de abril. El sábado, con una cena institucional de reconocimiento en el Palau, y el domingo con el acto más simbólico: el homenaje público a la plantilla campeona justo antes del partido de liga del Fraikin BM Granollers contra el Recoletas Atlético Valladolid. Un puente directo entre pasado y presente, con las gradas como testigo.
Memoria viva, no museo
La celebración incluirá también la publicación de un libro fotográfico —con imágenes de todas las eliminatorias conocidas—, una jornada de reflexión sobre la evolución del balonmano desde los años setenta hasta hoy y la proyección de un documental producido por TV3 y RTVE que quiere fijar definitivamente esta gesta en la memoria audiovisual del país.
Incluso se mira al futuro con voluntad pedagógica y deportiva: el proyecto de intercambio con el club alemán GWD Minden, heredero del rival de la final, el Dankersen, abre la puerta a un reencuentro simbólico entre generaciones y culturas deportivas.
Medio siglo después, la Recopa del 76 no es solo una página gloriosa en los libros de historia. Es un relato vivo que sigue explicando quién es Granollers, de dónde viene y por qué el balonmano, aquí, no es solo un deporte: es una manera de ser ciudad.