Novena posición: tierra de nadie
El diagnóstico es claro: novena posición. Ni play-off por el título. Ni play-off por el descenso. Una clasificación que define perfectamente lo que ha sido el curso: un equipo atrapado en la mediocridad competitiva. Y lo más preocupante no es el puesto en sí, sino el contexto: había expectativas reales de dar un paso adelante esta temporada.
Granollers parecía tener plantilla, dinámica y ambición para meterse entre las mejores. Pero la realidad ha sido otra: irregularidad, falta de continuidad y una sensación constante de no acabar de creer en lo que podía ser.
Un final adelantado… y solitario
El cierre de temporada llega de forma extraña. Granollers será uno de los pocos equipos que bajan el telón el próximo sábado, junto al San José Obrero, ya descendido.
Ese detalle no es menor. Mientras otros clubes siguen compitiendo por objetivos —título o permanencia—, el conjunto vallesano termina sin nada en juego. Sin tensión competitiva. Sin premio. Sin castigo, afortunadamente. Simplemente, fuera de todo.
Por eso el sábado servirá para despedir a Marta Mera, Goundo Gassama, Belén Rodríguez, etc.…, que dejan el Granollers, más que para presenciar un intranscendente partido de balonmano.
De aspirar a más… a no jugarse nada
La decepción no nace del resultado final, sino del contraste con lo que podía haber sido. Este equipo apuntaba a algo más. Había mimbres para competir por el play-off. Incluso para incomodar a los grandes en determinados tramos.
Pero el año ha sido una suma de partidos perdidos en detalles, desconexiones en momentos clave y una falta de consistencia que ha condenado cualquier aspiración.
No ha sido un desastre. Pero tampoco ha sido suficiente. Y eso, en el deporte profesional, es lo más peligroso: instalarse en la zona cómoda del “ni bien ni mal”.
¿Continuismo o cambio de rumbo?
Aquí está la clave. Y aquí empieza el verdadero debate. La directiva del Granollers tiene ahora una decisión estructural que va más allá de un fichaje o un ajuste puntual:
- ¿Se mantiene el proyecto actual, confiando en que con pequeños retoques el equipo dé el salto?
- ¿Se refuerza de verdad, con inversión y ambición, para competir por títulos?
- ¿O se replantea el nivel competitivo, asumiendo un rol más modesto y ajustando expectativas —y presupuesto— a la realidad?
Porque lo que no parece sostenible es este punto intermedio. El deporte no castiga solo los errores. Castiga, sobre todo, la indefinición.
Granollers tiene estructura, historia y masa social para aspirar a más en el balonmano femenino. Pero eso exige una hoja de ruta clara. Apostar o replegarse. Construir o redefinir. Lo que no funciona es quedarse a medio camino.