Roca Umbert y la vanguardia del paternalismo industrial que transformó la vida obrera en el Vallès

La historia económica de Cataluña no puede entenderse sin los nombres propios que transformaron paisajes agrarios en potencias fabriles. Entre ellos, destaca con luz propia la figura de Josep Umbert i Ventura (1844-1917). Su trayectoria, que culminó con la creación de Roca Umbert SA, es hoy objeto de un profundo análisis que trasciende lo empresarial para adentrarse en la sociología del trabajo y la arquitectura industrial del Valles Oriental.

la antiga Fábrica Roca-Umbert, a Granollers
photo_camera la antiga Fábrica Roca-Umbert, a Granollers

Josep Umbert i Ventura nació en Sant Feliu de Codines en 1844. Hijo de un modesto tejedor de lana, Umbert perteneció a esa generación de empresarios que se dieron cuenta de una cosa que revolucionó la industria catalana. El futuro no estaba en el campo, sino en la energía del vapor y la fibra de algodón, al igual que Joan Güell Ferrer, los hermanos Muntadas, Josep Ferrer Vidal, los Bonaplata o los Sedó. Su formación no fue académica. Empezó a trabajar en la fábrica de Sanllehy i Fons, donde absorbió los secretos de la fabricación de tejidos crudos y toallas.

Esta etapa en Sanllehy i Fons fue crucial. Allí no solo aprendió el oficio, sino que observó la importancia de las redes de contactos y la logística. Con este bagaje puso su conocimiento al servicio de los hermanos Pau y Francesc Torras, fundadores de la fábrica textil Can Torras, que estaba situada en la actual Rambla Josep Tarradellas, de la cual aún quedan en pie dos chimeneas. Es en Granollers donde madura como empresario y decide dar el salto y abrir su propia fábrica.

En 1869 se estableció en Palou con unos pocos telares manuales. En 1871, gracias al apoyo de los hermanos Torras, fundó Josep Umbert i Compañía. Ahí se produce un cambio sustancial en la historia del textil. Abandonó los telares manuales por los mecánicos. Empezó a comprar estos telares y se especializó en la producción de pisanas, un tejido de algodón rayado, o a cuadros, muy popular en la época por su resistencia y bajo coste. En 1875 el crecimiento del negocio obligó a Umbert a dejar Palou y trasladarse a Granollers. Los Torra le alquilaron algunas naves. Un hecho a destacar es que prefería la maquinaria textil construida en Cataluña. En concreto la de Amadeu Carné Tort, que no solo fue fabricante de tejidos, sino que destacó principalmente como constructor de maquinaria e instalaciones para otras fábricas textiles.

Treballadores de Roca Umbert. Foto Arxiu Municipal Granollers
Treballadores de Roca Umbert. Foto Arxiu Municipal Granollers

Esta decisión de Umbert, apostando por Amadeu Carné, aunque fue arriesgada por la incipiente tecnología local frente a la británica, fomentó un ecosistema industrial autóctono que fortaleció la economía regional. Carné diseñó y construyó máquinas para aplicar sustancias, como almidones o resinas, que daban cuerpo, rigidez o brillo a las fibras de algodón y lana. También sus máquinas tenían sistemas de secado y termofijado. Más que máquinas sueltas, Carné vendía proyectos completos de montaje. Esto incluía desde la fundición de piezas hasta la disposición de las calderas y sistemas de vapor necesarios para los procesos térmicos del acabado.

El año 1904 marcó un antes y un después. Umbert edificó su propia fábrica en la calle de la Victoria de Granollers. El complejo contaba con 230 telares dedicados exclusivamente a las pisanas. Además, tenía la idea de la integración vertical. Para no depender de proveedores externos, en 1915 expandió sus operaciones hacia el hilado, estableciendo una fábrica en Monistrol de Montserrat que aprovechaba la fuerza hidráulica con 5.500 púas de hilar. Umbert convirtió las instalaciones de Can Federico y parte de la antigua fábrica de Puig i Font de Monistrol en centros de hiladuras.

Esta expansión convirtió a la empresa en una de las pocas en Cataluña capaces de controlar todo el ciclo productivo. Es decir, desde la recepción de la floca de algodón hasta el acabado final del tejido. La empresa tenía tres puntos neurálgicos. Las hiladuras en Monistrol de Montserrat, la producción de tejidos en Granollers, y la gestión comercial en la calle Ali Bey número 11 de Barcelona. Aquí no solo estaba el despacho comercial, Umbert tenía su residencia y era el almacén central. La ubicación en la calle Ali Bey situaba a la empresa en el corazón del nuevo distrito comercial de Barcelona, facilitando el contacto con otros fabricantes, proveedores de maquinaria, y el puerto para la exportación de sus productos.

Máquines de la fábrica Roca-Umbert. Foto Arxiu Municipal Granollers
Máquines de la fábrica Roca-Umbert. Foto Arxiu Municipal Granollers

En esta casa falleció el 17 de abril de 1917. Murió soltero y sin descendencia. En su testamento legó 200.000 pesetas al Hospital de Sant Feliu de Codines y 50.000 al de Granollers. Fueron sus herederos los sobrinos de su hermana María Umbert y Joan Roca Cassart. Estos constituyeron la sociedad Nebots de Josep Umbert. Al cabo de 10 años, en 1927, pasó a llamarse Roca Umbert SA. Bajo la dirección de Esteve Roca Umbert la empresa creció hasta los 2.000 trabajadores e implementó un avanzado sistema de paternalismo industrial para mejorar la vida de sus empleados y aumentar la productividad, destacando la creación de viviendas para trabajadores, servicios sanitarios propios, escuelas para los hijos de los trabajadores, economatos y espacios de recreo.

En la década de 1930 la familia transformó su antigua residencia en Granollers en la Casa Cuna, una guardería gratuita para que las trabajadoras pudieran dejar a sus hijos. Esta fue una de las primeras escuelas infantiles de Europa integradas en el ecosistema de una fábrica. Permitía que las madres trabajadoras dejaran a sus hijos, generalmente de 0 a 6 años, de forma gratuita durante su jornada laboral. No era solo un lugar de custodia; los niños recibían alimentación y atención básica. La Casa Cuna facilitó que las mujeres no tuvieran que abandonar el mercado laboral tras la maternidad, un problema crítico en una industria donde la mano de obra femenina era el motor de la producción de algodón.

La Termica. Foto Arxiu Municipal Granollers
La Termica. Foto Arxiu Municipal Granollers

Durante la guerra civil la fábrica fue colectivizada bajo el nombre de Espartacus. Cambió la producción orientándola a mantas y uniformes militares para el frente. Al finalizar la guerra volvió la fabricación a la normalidad. En 1951 construyó su propia central térmica para garantizar el suministro ininterrumpido de electricidad y vapor a toda la fábrica, evitando los constantes cortes de luz y las restricciones eléctricas de la época de autarquía. Funcionaba quemando combustibles fósiles para generar energía. Inicialmente utilizaba carbón, pero con el tiempo evolucionó hacia el fueloil y finalmente al gas natural. La Térmica, como se conocía, ya no produce energía para los telares, sino que se ha convertido en un Centro de Interpretación de la Energía.

El declive del sector textil en los años 70 y 80, marcado por la apertura de mercados y la llegada de productos a bajo coste, llevó al cierre definitivo de la producción en 1991. El final de la actividad fabril no significó la desaparición de su historia. En 1994 el Ayuntamiento de Granollers adquirió el complejo e inició un proceso de trasformación que acabó en 2003 con la inauguración de Roca Umbert Fàbrica de les Arts. Un espacio de creación cultural, danza, música y memoria histórica.

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