El “síndrome Waterloo” del PSOE: te sientas con Puigdemont… y acabas imputado

Hay algo fascinante en la política española contemporánea. Una especie de maldición procesista, un triángulo de las bermudas judicial o quizás, simplemente, una estadística incómoda que en Ferraz ya deberían empezar a estudiar seriamente: Cada socialista que acaba negociando con Carles Puigdemont en Waterloo termina, tarde o temprano, teniendo problemas con la justicia española.

Puigdemont es el gafe todos los negociadores del Psoe que se sientan con él acaban imputados
photo_camera Puigdemont es el gafe: todos los negociadores del Psoe que se sientan con él acaban imputados. Imagen irónica creada por IA.

Primero fue Santos Cerdán, el hombre fuerte de Pedro Sánchez, arquitecto de los pactos imposibles y visitante habitual del santuario belga del independentismo. El mismo dirigente que pasó de operador político imprescindible a verse salpicado judicialmente en distintas investigaciones que hoy inquietan seriamente al PSOE.

Y ahora aparece José Luis Rodríguez Zapatero, nuevo embajador oficioso del sanchismo en Waterloo, sonriente, conciliador y dispuesto a normalizar lo que haga falta con tal de mantener viva la mayoría parlamentaria de Pedro Sánchez. Visto el precedente, quizá alguien debería empezar a preocuparse por él. Porque ya no parece casualidad. Parece protocolo interno.

El procedimiento es siempre parecido: primero se demoniza al independentismo; después se le indulta; luego se pacta con él; más tarde se viaja discretamente a Bélgica; y finalmente alguien termina declarando ante un juez por presunto chorizo, chistorra o lechuga. El PSOE ha convertido Waterloo en una mezcla entre ministerio paralelo y sala VIP judicial.

Y mientras tanto, Puigdemont sigue allí. Intocable. Observando desfilar dirigentes socialistas como quien ve caer piezas en una partida de ajedrez perfectamente calculada. Lo más extraordinario es que el expresident fugado parece tener más estabilidad política que quienes van a verle. Unos entran en Waterloo pensando que controlan la negociación. Y salen descubriendo que quizá el negociado eran ellos.

A este ritmo, en Ferraz acabarán incluyendo una cláusula de riesgo laboral: “Advertencia: acercarse demasiado a Puigdemont puede provocar imputaciones, desgaste político y comparecencias ante la Audiencia Nacional”. Pero, tranquilos. Seguro que todo es casualidad.